lunes, 1 de febrero de 2010

DESTELLOS EN LA OSCURIDAD - SALVADORES DE JUDÍOS


El 6 de mayo de 1945, sobre los cadáveres calcinados de Adolfo Hitler y Eva Braun, se cerró la más horrenda pesadilla del siglo: el Tercer Reích alemán y su delirante plan para someter al mundo por las armas. Al mismo tiempo se inscribió en la página negra el Holocausto: un programa que Hitier llamó La Solución Final del Problema Judío y que consistió en la deportación, la tortura y el asesinato en masa del pueblo judío. Su jefe máximo fue el SS Heinrich Himmler, inspirado y asesorado -entre otros- por el oficial Karl María Willigut, que quince años antes habría sido declarado demente por psiquiatras alemanes. En apenas un lustro, seis millones de judíos murieron en las barracas de los campos de concentración, en los paredones de fusilamiento y en las cámaras de gas, y sus cuerpos -previo saqueo de los dientes de oro- fueron cremados en hornos que jamás se apagaban. Algunos de los jefes del genocidio fueron juzgados y ejecutados. Pero esa herida no cerrará jamás. Porque la peor tragedia del siglo XX fue provocada por el Hombre contra el Hombre. Las atrocidades cometidas por los nazis exceden la imaginacion más enfermiza, millones de judíos y también gitanos y personas de otros pueblos que no pertenecías a la raza aria murieron en las cámaras de gas ( las siniestras chimeneas) y sus cadáveres fueron arrojados a fosas comunes. Fue la peor pesadilla de la historia.

Destellos en la oscuridad

Cuando en 1942 el Tercer Reich decidió acabar con los judíos de Europa, el mundo no reaccionó. Cuando por fin lo hizo, 6 millones de hebreos habían perecido. Pero en esa larga noche hubo muestras de coraje -colectivas e individuales- que también hablan de la esencia del ser humano. Si salvar a una vida es salvar a la humanidad, ellos también ganaron la guerra. Se llamó la Solución Final. Un nombre limpio, aséptico, de tono positivo. En realidad, se trató de la aniquilación completa y sistemática de los judíos europeos. Sólo en 1942, primer año en que se registraron ejecuciones masivas, murieron en los campos de exterminio 2,7 millones de judíos europeos. Para el fin de la Segunda Guerra Mundial, unos 6 millones habían perecido, junto con varios otros millones de católicos polacos, gitanos, serbios, homosexuales y otros "indeseables" del Tercer Reich. Pero las cifras no alcanzan a mostrar el ensañamiento en la crueldad del que dan cuenta los testimonios de los sobrevivientes. Las muertes a las que se marchaba escuchando la Sinfonía Diabólica, forzadamente ejecutada por otros prisioneros, los experimentos médicos con seres humanos, el despojo de toda dignidad, la humillación regular y deliberada. En palabras de Reska Weiss, una sobreviviente: "No éramos ni siquiera animales, sino cadáveres pudriéndose que se movían sobre dos piernas." En este océano de crueldades tan cotidianas que le inspiraron a la socióloga Hannah Arendt la frase "la banalidad del mal", es fácil perder de vista que en el infierno también hubo gestos redentores: ciudadanos comunes que escondieron a refugiados judíos a riesgo de ser ejecutados en el instante o colgados públicamente como escarmiento para los demás; partisanos hebreos que se rehusaron a callarse y pelearon por su gente aún cuando se sabían condenados; pueblos enteros que se movilizaron para salvar a sus vecinos. No alcanzó: el mundo se hizo cómplice por demasiado tiempo. Pero hubo miles de almas que merecen ser recordadas, aunque más no sea porque son la mejor prueba de que hubo otra opción posible; que aún en el peor de los universos, la voz de la conciencia puede oírse por encima de los fusiles. Que aún en esas condiciones, siempre hay algo que se puede elegir. El pueblo que resistió Le Chambon-sur-Lignon es un pueblito ubicado en las montañas del sur de Francia. Un pueblo de campesinos, como cualquier otro, con un pasado moldeado por el protestantismo. Bastó una figura, el pastor André Trocmé, para aislar el rumbo de este pueblo de la miseria general. Todo empezó una noche fría del invierno de 1940, cuando alguien golpeó a la puerta de la casa del pastor. Era una mujer helada y muerta de hambre. Le confesó que era judía y que huía de los nazis, y le pidió refugio. Trocmé y su esposa Magda la acogieron en su casa. Cuando los nazis ocuparon el sur de Francia y se estableció el régimen de Vichy, a principios de 1942, el pastor urgió a su congregación a ayudar a "la gente de la Biblia", aún si eso significaba enfrentar la furia nazi. Les recordó su propio pasado de persecuciones religiosas, y los instó a valerse de "las armas del espíritu". El pueblo acató la consigna: en cuatro años le salvaron la vida a 5.000 judíos, escondiéndolos en sus casas, compartiendo sus escasas provisiones, dándoles cuidados médicos y educando a sus hijos. Mientras tanto, se contactaban con miembros de la resistencia para organizar su traslado a Suiza o España, países neutrales. Cuando llegó el rumor de que las autoridades del gobierno de Vichy estaban a punto de arrestar a Trocmé, el pastor urgió a sus fieles, frente a una iglesia atestada, a que "hicieran la voluntad de Dios, no la de los hombres". Poco después llegaron varios camiones del régimen a llevarse a los refugiados. Los aldeanos los escondieron en el bosque. Al retirarse los camiones, vacíos, los llamaron a dejar sus escondites con una canción que habían acordado. En febrero de 1943, Trocmé y dos de sus colaboradores fueron encarcelados por cinco semanas. En ese período lo presionaron para que firmara un documento aceptando obedecer las órdenes del gobierno. Lo liberaron sin haberlo logrado. Al salir, el pastor entró en la clandestinidad y con ayuda de su esposa Magda siguió dirigiendo los esfuerzos de rescate. En 1990, Le Chambon-sur-Lignon fue la primera comunidad en recibir la distinción de Gentiles Honestos, del Yad Vashem, el Centro de Homenaje a los Mártires y Héroes del Holocausto ubicado en Jerusalén. Mordecai Paldiel, de Yad Vashem, dijo: "Este pueblo fue único porque casi todos los aldeanos participaron en el salvataje de judíos, y nadie dijo nunca una sola palabra." Desde la ocupación, de Francia se deportó a Alemania a 76.000 judíos. Al preguntársele a un campesino viejo de Le Chambón por qué habían arriesgado todo para salvar a esas 5.000 almas, el hombre aclaró que no fue por moral ni por heroísmo. Simplemente, dijo, "C'était la chose humaine á faire". ("Era lo que debía hacer un ser humano.")

Una carga preciosa

Dinamarca fue el único país que se organizó colectivamente para lograr salvar a casi la totalidad de su población judía: 7.220 de los 8.000 que allí residían. Los judíos daneses capturados por los nazis fueron enviados al campo/gueto de Theresienstadt, en Checoslovaquia. La mayoría de ellos sobrevivió a la guerra porque aún durante su detención, el gobierno danés les enviaba paquetes de comida y provisiones. Después de que los alemanes ocuparan Dinamarca en 1940, el gobierno danés se resistió a la presión de los nazis para que entregara a sus judíos. Cuando, en octubre del 43, los nazis impusieron la ley marcial y comenzaron los arrestos y deportaciones, la reacción espontánea del pueblo danés fue alertarlos y ayudarlos a llegar a la costa para poder escapar. En esta cruzada trabajaron juntos la policía, los pescadores y miembros de organizaciones sociales y religiosas. En tres semanas, los dinamarqueses trasladaron a más de 7.200 judíos y a unos 700 parientes no judíos ocultos en embarcaciones de toda dase, hasta las costas seguras de Suecia. La anuencia y participación de Suecia fue crucial para el éxito de estas operaciones. Una foto publicada en el libro Crónica del Holocausto da cuenta de un incidente casi inverosímil. Un judío recién apresado por un nazi es rescatado por sus conciudadanos daneses. Mientras el oficial de las S S lo llevaba por la calle, una multitud enfurecida lo obligó a entregar el prisionero a la policía danesa. Una vez dentro de la comisaría, los gendarmes lo ayudaron a escapar. Justo antes de que se acabara la guerra en el 45, se logró la repatriación de 423 judíos daneses presos en Theresienstadt gracias a las gestiones del diplomático sueco Folke Bernadotte.

Los "rescatadores"


Estas personas se arriesgaron por sí solas, sin más apoyo que el de su conciencia. Y no sólo personas de fortuna, como Oskar Schindler, o respaldados por un cargo, como el diplomático sueco Raoul Wallenberg. Gente como uno, sin ningún status ni condición social que los protegiera. ¿ Por qué lo hicieron? Los testimonios son similares: todos dicen que no pensaban estar haciendo algo extraordinario. Más bien, les parecía que era "lo normal" o "lo que había que hacer". Pero, ¿qué hizo que estas personas optaran por hacer el bien cuando el consenso general toleraba y hasta alentaba la persecución y el exteminio? ¿Qué los animó a enfrentar el peor destino, mientras se hacían cargo de conseguir víveres, disponer de desechos y demás penurias? La psiquiatra y sobreviviente Eva Fogelman encontró algunas explicaciones. En su libro "Conciencia y Coraje", basado en entrevistas con más de 300 "rescatadores", señala estos factores: valores aprendidos en la infancia que incluyen la aceptación de la diferencia en el otro; la convicción de que la acción individual importa; el haber crecido en un hogar amoroso pero disciplinado, y la posibilidad de pensar y actuar independientemente de las opiniones ajenas. La única comunidad judía que sobrevivió intacta (50.000 personas) fue la de Bulgaria. Probablemente haya influido la firmeza de convicciones de su Obispo, Boris Khara-Lampiev. Él dijo: "Todos tienen derecho a su propia fe. Nadie debe violar la vida espiritual íntima de otro. Así pienso ahora. Así he pensado en el pasado. Y, si vivo más tiempo, así es como pensaré entonces"

FUENTE: http://enigmas0.iespana.es

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