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martes, 17 de mayo de 2011

ESTANCIA JESUÍTICA SANTA CATALINA


Dentro de la llamada "Provincia Jesuítica del Paraguay", creada por la Orden al establecerse en Argentina en 1585, la Compañía de Jesús realizó emprendimientos destinados a tener gran repercusión en lo misional y educativo; así fue que logró un fuerte arraigo en la sociedad indiana a través de sus grandes actividades: los colegios y las misiones, que le dieron enorme ascendiente y prestigio entre los blancos y los indios. En 1608, la Companía creó en Córdoba un noviciado destinado a preparar a sus misioneros y suplir con ellos el déficit de religiosos provenientes de Europa. Dos años después se fundó el Colegio Máximo, punto de partida de la primera universidad argentina. Cada colegio aseguró su propia subsistencia económica con rentas y propiedades: haciendas, tierras de labor, molinos, ingenios, ganados. Así va adquiriendo una influencia extraordinaria sobre los ricos españoles y criollos, cuyos hijos se educaban en sus colegios y escuelas.
A mitad del siglo XVII, los jesuitas ya tenían la posesión de las que luego serían sus mejores estancias: Jesús María, Santa Catalina y Alta Gracia. En cada estancia se debió detectar las actividades más adecuadas en función de las tierras; se debieron construir cascos, dependencias, talleres, depósitos, viviendas para indios y esclavos y realizar obras de infraestructura tales como tajamares, acequias y canales.
Santa Catalina es la más grande de todas las estancias jesuíticas. Fue fundada en 1622. y se encuentra a 70 kilómetros de la capital de Córdoba, unos 20 km al noroeste de Jesús María
En lo que respecta específicamente a esta estancia, las tierras donde fue levantada habían sido otorgadas en merced, en 1584, a Don Miguel de Ardiles, que había acompañado a Don Jerónimo Luis de Cabrera en la fundación de Córdoba. Cuando Ardiles muere lo hereda su hijo, Miguel de Ardiles el Mozo, quien vende las tierras al herrero Luis Frassón, también miembro de la expedición de Cabrera. El 1º de agosto de 1622, Frassón vende todas las tierras a la Compañía de Jesús y así comenzaron las obras para establecer la estancia y el noviciado.
En las antiguas tierras de Calabalumba la Vieja, la Compañía de Jesús compra en cuatro mil quinientos pesos la Estancia de Santa Catalina que, por ese entonces, comprendía algunas precarias construcciones y muchas cabezas de ganado. Debido a la gran insuficiencia de agua, la primera gran obra de los jesuitas fue de ingeniería hidráulica: un conjunto de conductos subterráneos por el cual el agua llegaba a la finca desde Ongamira, a varios kilómetros de distancia en las sierras, y era almacenada en un gran tajamar. Así, Santa Catalina se convirtió en el gran centro de producción pecuaria con miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular, además del obraje con sus telares y aparejos, la herrería, la carpintería, el batán (bastidor oscilante de telar) y dos molinos.
Pero más allá del gran emprendimiento productivo, Santa Catalina es conocida por su iglesia, ejemplo del barroco colonial en Argentina, visiblemente influenciado por la arquitectura centroeuropea del mismo estilo.
No se conocen fechas ciertas sobre la construcción de la Iglesia y Casa, pero sin duda debió realizarse en diferentes épocas y a lo largo de más de cien años, como lo prueba la placa de piedra de sapo que está colocada en la portada de la casa y que lleva la fecha de 1726. También fueron numerosos los arquitectos que trabajaron en la construcción, de ellos la historia ha retenido los nombres de los hermanos de la Orden, Blanqui y Prímoli, también constructores de la Catedral de Córdoba, y de Antonio Harls
Más de un siglo después de adquirir la estancia en 1754, los misioneros jesuitas terminaron de erigir la iglesia. Su imponente fachada, flanqueada por dos torres y un portal en curva, es de líneas y ornatos gráciles, con pilastras y frontones curvos.
En su interior fascina la armonía de las proporciones: una sola nave en cruz latina que culmina en la cúpula circular con ventanas en la bóveda, el gran retablo del altar mayor tallado en madera y dorado, en el que se destaca un lienzo representativo de la santa patrona de la estancia, una imagen de vestir del Señor de la Humildad y la Paciencia y la talla policromada de un Cristo crucificado.
A la monumental iglesia se le fueron sumando las demás construcciones del predio al estilo del Medioevo, claustros cercando patios, galerías con bóvedas de cañón, talleres, caballerizas, depósitos, huertas y rancherías.
Cuando fue sorprendida por la expulsión de la Orden -decretada por Carlos III en 1767- la estancia se encontraba en pleno auge y funcionamiento. Encargóse de su administración la Junta de Temporalidades, hasta que en octubre de 1774 fue vendida a Don Francisco Antonio Díaz, Alcalde Ordinario de primer voto de la ciudad de Córdoba.
Don Francisco Antonio Díaz adquirió la estancia Santa Catalina en una subasta promovida por la Junta de Temporalidades, permaneciendo en manos de cuatro ramas de familiares descendientes hasta la actualidad.
Si bien en 1941 fue declarada Museo Histórico Nacional y Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2000, para internarse en los solariegos patios y recorrer la estancia hay que pedir permiso, ya que cerca de 60 habitaciones son ocupadas por sus dueños, que mantienen con celoso orgullo la tradición.
En lo que antes era la ranchería de indígenas y esclavos, hoy se erige una pulpería campestre, donde se puede comer rodeado de artesanías y antigüedades.

INFORMACIÓN DE LA WEB


ESTANCIA JESUÍTICA DE JESÚS MARÍA


Así premiaron a don Juan Nieto por sus servicios a las huestes colonizadoras de Jerónimo Cabrera: con las tierras de Alta Gracia que, por entonces, sólo concentraban un par de ranchos y cultivos realizados por los aborígenes de su encomienda. Ni se imaginaba que el heredero de esa precaria finca, don Alonso Nieto de Herrera, al ingresar a la Compañía de Jesús por el 1643, la donaría a la Orden. Y mucho menos que de la mano de los jesuitas se desarrollaría semejante emprendimiento productivo, dedicado a la rama textil, ganadera y agropecuaria y en especial al comercio de mulas.


Ubicada a 36 km al sudoeste de la ciudad de Córdoba, la Estancia de Alta Gracia por el año 1659 había dejado atrás la originaria construcción de adobe y se había transformado en una mole de cal y piedra, desafiando con su estilo barroco la arquitectura de la época. Estaba conformada por la residencia, el obraje destinado principalmente a la producción textil, la carpintería y los hornos, la ranchería y sus sesenta cuartos para trabajadores, el tajamar, un dique artificial utilizado para el riego de los cultivos y la iglesia.

Diseñada por el genio de Andrés Blanqui, arquitecto de la Orden y responsable de la mayoría de las obras coloniales más prestigiosas de la Argentina, el santuario es una verdadera joya del barroco colonial que corona el ala sur del complejo. Única en el país por su fachada sin torres, posee un perfil de curvas interrumpidas y pilastras apareadas que rememoran el barroco italiano tardío. En su interior exquisitamente ornamentado, se destacan el retablo del altar mayor con sus columnas salomónicas y el púlpito tallado en madera, debajo de la bóveda.


En 1810, luego de la expulsión y de sucesivos propietarios particulares, toma posesión de la Estancia don Santiago de Liniers, antiguo Virrey del Río de la Plata, que vivió por escasos cinco meses hasta su trágico final. Diez años más tarde, don Juan Manuel Solares compró y loteó las tierras de las inmediaciones de la estancia, dando origen a la incipiente ciudad de Alta Gracia.

Si bien en 1941 fue declarada Monumento Histórico Nacional, la residencia fue ocupada por los herederos de Solares hasta el año 1968. Recién en 1971 se iniciaron las tareas de restauración que permitieron inaugurarla como Museo Nacional Casa del Virrey Liniers, en pleno corazón del valle de Paravachasca, entre las últimas estribaciones de las sierras chicas.
Traspasar el pórtico e ingresar al Patio de Honor acompañados por el aroma de los naranjos, jazmines y duraznillos, nos invita al recorrido: la cúpula que sostiene las tres campanas, un reloj de sol con su sombra proyectada y un apacible silencio que nos transporta en el tiempo.

Las salas del museo reflejan fielmente los ambientes de la vida colonial: las cujas de algarrobo, petacas de viaje hechas en cuero crudo, la rueca de hilar lana, el brasero. Todo dispuesto como entonces. De igual modo, la sala dedicada a Liniers con muebles que pertenecieron a su familia: el juego de comedor, una cornucopia bañada en plata, la mesa de cedro tallada y un óleo del Virrey.

Hoy en día, la Estancia de Alta Gracia es seguramente la de mayor actividad. Su integridad original se vio modificada por la trama urbana de la misma ciudad: el museo funciona en lo que antiguamente era la residencia; el templo es en la actualidad la iglesia parroquial; el obraje pasó a ser una escuela secundaria, el tajamar, un centro de recreación y paseo; y sobre las tierras de producción se construyeron diversos barrios.

Por esta razón, remontar el pasado de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia significa conocer los orígenes de la misma ciudad, hoy convertida en un pujante centro urbano.

INFORMACIÓN: www.welcomeargentina.com

lunes, 28 de febrero de 2011

ESTANCIA JESUÍTICA CAROYA

La Estancia Caroya fue el primer establecimiento rural organizado por la Compañía de Jesús en 1616. Ubicada en el límite oeste de la localidad de Colonia Caroya, 44 km al norte de la ciudad de Córdoba se enclava este enorme caserón colonial rodeado de arboledas y vides bajo el cordón de las sierras chicas.
Por el año 1661 fue vendida al fundador del Colegio Monserrat, el Presbítero Ignacio Duarte Quirós, quien logró transformarla en una pródiga tierra con producción de maíz y trigo, frutas, vino, miel y algarrobo. En 1867, Duarte la donó al Colegio para que fuera utilizada como solar veraniego de sus estudiantes. Y así pasaron sus merecidas vacaciones alumnos como Juan José Paso, Nicolás Avellaneda y los hijos del Virrey Liniers.
Entre los años 1814 y 1816, las guerras independentistas hacen que Caroya se convierta en la primera fábrica de armas blancas del país, abastecedora de las puntas de bayoneta para el Ejército del Norte.
En el año 1854 pasa a manos del gobierno nacional que en 1876 dispone, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, albergar a inmigrantes italianos provenientes de Friuli. En 1878, los nuevos colonos ya instalados en los cuartos de la estancia comienzan a organizar el poblado en las inmediaciones cercanas al casco.

Toda la residencia está organizada en torno a un amplio patio central que detenta en su ingreso dos enormes palmeras, seguidas de un frondoso jardín en el que se respira el aroma de los olmos, naranjos y palmos.
Junto a la capilla, el perchel, el tajamar, los restos del molino y las acequias, además del área dedicada a la quinta, constituye un destacado ejemplo de arquitectura residencial en el medio rural. Su estructura edilicia muestra rasgos arquitectónicos propios de los siglos XVII, XVIII y XIX, marcados por las distintas etapas de utilización de la casa.
Por esta razón, el museo pluritemático y el centro de interpretación que funciona en la estancia bajo la Dirección del Patrimonio Cultural de la Provincia de Córdoba, cobran singular importancia.
En las diez habitaciones que conforman el claustro, los objetos y muebles testimonian las diversas épocas. Arcones de madera, sillones fraileros, pinturas cuzqueñas y la talla de madera policromada de San Ramón Nonato fueron fieles testigos de los días de descanso que pasaban los alumnos del Monserrat.
La capilla, que data del siglo XVII, con sus paredes de piedra y sólo una imagen en el altar de la Virgen de Monserrat, invitan al recogimiento.

Los amantes de las armas pueden recorrer los salones y la galería donde se exhiben ejemplares de guerra como carabinas Remington 1879 y Charleville 1850, tercerola Smith 1857, además de sables y espadas de la época revolucionaria.
El paso de los friulanos por la casa quedó reflejado en sus juegos de dormitorios, baúles de viaje, ruecas para hilar y otros artefactos domésticos. También un enorme tonel con prensa para las uvas, fiel expresión de los frutos de Caroya, donde todavía los descendientes de esos inmigrantes producen el famoso vino frambua.
Tras años de historia, Caroya resguarda en sus silenciosos y apacibles rincones el espíritu de las estancias jesuíticas.

INFORMACIÓN: DE LA WEB

Posteo el video que hice con fotos tomadas en una visita que hice a la estancia recientemente


ESTANCIA JESUÍTICA DE JESÚS MARÍA

La Estancia de Jesús María se encuentra a 50 kilómetros de la ciudad de Córdoba, cuatro kilómetros más al norte de la Estancia de La Caroya. Su ubicación no es fortuita: por allí pasaba el camino real hacia la capital del Virreinato.
En 1618, los jesuitas adquirieron por ocho mil pesos, las 20 mil cepas de viñas, el molino, 250 vacas, 25 bueyes y 30 cerdos de la Chacra de Guanusacate, nombre con el que designaban a esas tierras los indígenas sanavirones.
En 1620, rebautizada con su actual nombre cristiano, este segundo emprendimiento productivo de la Compañía de Jesús concentraba a los aborígenes que eran asalariados y a cerca de trescientos esclavos, comprados en el puerto de Buenos Aires, que llevaban la mayor carga de trabajo. Como era de esperar, en la finca no sólo se hablaba el latín, el español y el italiano, sino también las lenguas aborígenes y africanas. Mitad monasterio y mitad factoría, los ranchos destinados a los indios y a los esclavos, fueron cambiando por las construcciones de ladrillo, piedra y teja, características de la Orden. El patio central cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, las amplias galerías, los arcos de medio punto, cierran el estilo propio de la Compañía. Han desaparecido las construcciones destinadas a las habitaciones de indios y esclavos, así como los campos de cultivo y pastoreo.
La iglesia, de fachada sobria y nave única abovedada, posee un exterior sobrio, destacándose su importante cúpula central, ricamente ornamentada con bellos relieves en su interior que denotan las manos de los artistas aborígenes. Junto a la sacristía, la elegante espadaña de piedra completa la arquitectura de la finca.
Construida alrededor de un patio central cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, es notable la arquitectura de sus arcos superpuestos.

La producción vitivinícola de la Estancia de Jesús María alcanzó tal grado de calidad y desarrollo, que su fama trascendió las fronteras y se prolonga hasta nuestros días.
El lagrimilla, exquisito vino elaborado a partir del mosto de 48 mil cepas cultivadas, poseía un sabor tan singular que lo llevó a convertirse en el primer vino americano degustado en la mesa real de Felipe V en Madrid .
Luego de la expulsión de la Orden, la Estancia de Jesús María pasó a manos privadas hasta que en 1941 fue adquirida por el gobierno nacional y declarada monumento histórico. La estancia de la orden de los jesuitas fue convertida en museo en 1946.
En la planta baja de la estancia, lugar donde se elaboraba el famoso vino, hoy se encuentra una profusa colección de piezas arqueológicas de la zona. Un recorrido por las salas muestra imágenes religiosas, crucifijos, litografías, monedas y medallas, hasta llegar al tesoro jesuítico de Jesús María: la Inmaculada de madera, el Cristo de la Paciencia, los querubines legados por los guaraníes y otras tallas de impactante contextura americana.
En el año 2000 la UNESCO la declara Patrimonio Histórico de la Humanidad, junto a la Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba y las Estancias de Santa Catalina, Caroya, Alta Gracia, La Candelaria y San Ignacio.

INFORMACIÓN: de la web

Posteo el video que hice con fotos que tomamos en una reciente visita a la estancia


CRIPTA JESUÍTICA DEL NOVICIADO VIEJO


La Cripta Jesuítica del Noviciado Viejo es la ruina soterrada de lo que alguna vez fue el Noviciado Jesuítico en la ciudad de Córdoba. Se encuentra ubicada en la esquina de las hoy conocidas como Avenida Colón y Rivera Indarte. Es una singular construcción que se remonta a principios del siglo XVIII.
El Noviciado Jesuítico fue fundado en Córdoba en 1608. En un principio los jóvenes novicios tenían su sede en la Manzana Jesuítica y al quedar reducido dicho espacio, el Padre General de la Orden sugirió desde Roma que se construyera una casa con más habitaciones para los jóvenes menores de 16 años. Por cuestiones económicas, la obra se postergó, fue así que recién en el año 1700 los hermanos Ignacio y Francisco Mujica, ingresados a la Orden, donaron su propiedad para ubicar el Noviciado. La casa fue trasformada y reacondicionada como sede del noviciado de los padres jesuitas, quienes la ocuparon entre 1700 y 1713. Antes de ser ocupada se hicieron grandes reformas. Las obras de adaptación de la casa de los Mujica se le atribuye al jesuita arquitecto Johann Krauss (1659-1714), quien para convertirla en noviciado comenzó a construir una capilla dedicada a San Ignacio de Loyola que aparentemente, por su escala, pasó a ser considerada iglesia de grandes proporciones.
Cuando se entera el austero Padre General Miguel A. Tamburini de estas obras, ordenó desde Roma suspenderlas y reconsiderar el traslado de los novicios a la manzana jesuítica. La obra quedó a medio concluir.

Francisco Mujica permaneció allí hasta su muerte, que ocurrió poco tiempo después. Con la construcción suspendida el complejo de la Cripta fue destinado a casa de ejercicios espirituales para varones, dependiente del Colegio Jesuítico. Aunque ya venía funcionando como tal hacía un tiempo, recién en 1726 el Padre General declara oficialmente el nuevo destino de la propiedad. Dos años antes se había tapiado la puerta que baja a la capilla. El edificio comenzó a deteriorarse y en 1767 después de la expulsión de los hijos de San Ignacio, el arquitecto Joaquín Martín hizo un detallado inventario del inmueble, sin embargo no se sabía para qué se construyó ni tampoco qué había funcionado ahí. Con la expulsión de los jesuitas de América, la deteriorada construcción pasó a mano de la orden de los padres Betlemitas quienes tenían a su cargo el cuidado y la atención del hospital San Roque en ese momento en construcción.
En el año 1820 una epidemia de cólera azotó la ciudad y el antiguo oratorio fue dispuesto como cripta de enterramiento para los cuerpos que habían sufrido la enfermedad.
Una vez concluida la obra del Hospital San Roque, los Betlemitas vendieron la propiedad de los Mujica en parcelas diferenciadas. La Cripta pasó a manos de Don José Agustín Ferreira, quien junto con sus sucesores le dieron usos diferentes.

Cuando en 1928 el intendente Emilio Olmos decidió ensanchar la calle Colón, aparecieron en la superficie de la acera las bóvedas de la antigua cripta, que fueron demolidas y rellenadas con escombros.
La Cripta Jesuítica retornó a la luz en 1989 circunstancialmente. Fue redescubierta por obreros que realizaban el zanjeo para el tendido subterráneo de cables telefónicos, fue entonces cuando se decidió su recuperación arqueológica y arquitectónica.
En la actualidad, la Cripta es utilizada como espacio para muestras artísticas, conferencias y representaciones teatrales.

INFORMACIÓN: de la web

Posteo el video que hice con fotos que tomamos recientemente


martes, 19 de enero de 2010

HOTEL EDÉN - LA FALDA - CÓRDOBA



Uno de los iconos más importante de la ciudad es el Edén Hotel, de estilo arquitectónico ecléctico, con torres francesas y ornamentación alemana. Inaugurado en 1899, tenía en aquellas épocas de grandeza: 100 dormitorios, 38 baños, comedor auxiliar para niños y personal capacitado; un gran salón de fiestas, sala hall de lectura con escritorio, jardín de invierno, salón – bar, dos amplias terrazas, galería cubierta y anfiteatro (teatrino). Excepto los vinos y licores, absolutamente todo se hacía en el hotel.
Está ubicado al final de la Av. Edén (1400), luego de la fuente que corona a esta arteria.
Historia

En 1891 un viajero, Roberto Bahlke, recorre la zona a caballo y queda encantado con el lugar y decide comprar las tierras para levantar un gran hotel. En 1892, con el apoyo económico del grupo Torquinst, adquiere 1250 hectáreas de lo que hoy es La Falda, más los cerros aledaños; comenzando la gran obra en 1895, el establecimiento se llamó Edén Hotel. Su primera parte estuvo concluida en 1898. Al final del año siguiente quedó inaugurado contando con todas las comodidades y el confort imaginables para la época. Dicho emprendimiento fue vital como ente iniciador del turismo y como elemento desencadenante de la urbanización y comercialización de La Falda.


En 1904 el consorcio Torquinst vende las mil hectáreas, más todo lo construido, a María Krautner, quien lo explota hasta 1912. En ese año lo compran los hermanos alemanes Walter y Bruno Eichhorn, quienes perfeccionan las instalaciones y agregan nuevos servicios. En 1913 para generar ingresos, se venden los primeros terrenos a Emilio Wenwe.

En los años previos a la Segunda Guerra Mundial funciona en el hotel un Ateneo Alemán. En 1939, apenas iniciada la guerra, la tripulación del acorazado Graf Spee, hundido en el río de la Plata, es confinada al Edén Hotel, el cual cierra sus puertas al final de la guerra.

En 1945 el gobierno argentino incauta el hotel y lo utiliza para confinar a diplomáticos japoneses y sus familias durante dos años. Es por ese entonces cuando se derriba el águila emblemática que adornaba el frontis de la fachada principal.

En 1948 el gobierno devuelve el hotel a sus dueños, quienes lo venden a la firma integrada por Emilio Karstulovich, Constantino Kamburis y Arturo Ascher Kutcher. Con el tiempo, al no levantarse una importante deuda contraída, la firma Franco – Argentina remata el Edén el 7 de Mayo de 1953. Lo adquiere la firma CIFA (excepto el golf que lo compró Joaquín Murillo por un millón setecientos veinte mil pesos).
El 2 de julio de 1964 toma posesión María Teresa Carbone de Autilio, a nombre de la sociedad anónima Hoteles y Parques Edén en formación cuyo representante y apoderado es Armando Balbín. Ya en la década del ’60 comienza su declinación de la que se intenta reponerlo. Fue cerrado y desmantelado. Con el correr del tiempo fue víctima de constantes saqueos que lo dejaron en un estado prácticamente calamitoso .
En 1970 las fuerzas vivas inician gestiones para traer un casino e instalarlo en este establecimiento, pero el mismo es otorgado a La Cumbre en 1971.
En 1982 la firma Figo explotó el hotel, pero sólo por ese año. En realidad, tal como se apuntó antes, desde 1965 el hotel vino deteriorándose y siendo saqueado indiscriminadamente. Su parque fue invadido por malezas.

El 8 de agosto de 1988 fue declarado Monumento Histórico Municipal por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de La Falda. Luego fue reconocido como Monumento Histórico Provincial y actualmente prosiguen las gestiones para darle a la construcción tal carácter en el orden nacional. De estilo arquitectónico ecléctico, con torres francesas y ornamentación alemana, el Edén fue todo un símbolo, no sólo de la zona sino también del país. Prueba de ello es que la correspondencia llegaba con poner únicamente Edén Hotel La Falda. Sierras de Córdoba.

De su período fundacional, debe recordarse que, el primer presidente de la Sociedad Anónima El Edén y administrador general del hotel fue Juan Kurth, ex – cónsul suizo propietario a la vez de la Estancia La Berna en Huerta Grande. Durante su gestión, el establecimiento atrajo a un selecto grupo de personas, lo cual quedaba reflejado en las pomposas cenas de etiqueta y bailes con orquestas que allí se escenificaban.
A partir de la incorporación de la austriaca María Krautner, en la conducción de la empresa, a la característica antes apuntada se incorporará la propuesta entre otros atractivos, del desarrollo de cabalgatas con destinos a la Pampa de Olaen y Vaquerías, con expertos vaquéanos.

Luego bajo la orientación de los hermanos Eichhorn, entre 1912 y 1945, el Edén vivirá su época de mayor esplendor. Para ese tiempo la capacidad era de doscientos cincuenta pasajeros. Tenía cien dormitorios, treinta y ocho baños, comedor auxiliar para niños y personal, un gran salón de fiestas, sala hall de lectura y escritorio, jardín de invierno, salón – bar, dos amplias terrazas, galería cubierta y anfiteatro.
Excepto los vinos y licores, todo se hacía en el hotel. Poseía una huerta, criadero de animales, y fábrica de embutidos conservas y hielo. Tenía además, banco y taller mecánico propios, cabina para correos y telégrafo, usina eléctrica y una orquesta estable.

El amplio jardín fue ornamentado con cincuenta especies traídas de Europa.
En cuanto a deportes, contaba con una cancha de golf de 18 hoyos donde se realizaban torneos internacionales. También tenía canchas de tenis de polvo de ladrillo iluminadas; además de una cancha de croquet y pileta de natación. Así mismo eran tradicionales las cacerías del zorro.
El mantenimiento era realizado por 125 personas. El hotel contaba para ello con taller de herrería, sala de secado y esterilizado a vapor y hasta una flotilla de taxis propia.

También entre su personal se contaban unos 10 mozos, que atendían un promedio de ochocientos comensales. Los pasajeros del hotel contaban con la seguridad de la policía privada del establecimiento.
Entre otros factores que contribuyeron al engrandecimiento del Edén, se contaron la construcción del camino Río Ceballos – La Falda, a través de las Sierras Chicas (luego denominado Camino al Cuadrado), obra que contó con apoyo financiero de la propia Sociedad Edén para la construcción de parte de sus tramos (1924 -26), y la posterior pavimentación de la ruta Buenos Aires –Córdoba.

Se alojaron en él, entre otras personalidades, el poeta nicaragüense Rubén Darío, El Príncipe de Gales, el Duque de Saboya, Albert Einstein, el Marqués de Magaz, los presidentes argentinos Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta, otros representantes de la nobleza europea e integrantes de distinguidas familias de la sociedad argentina. Por ejemplo entre 1920 y 1027, estuvieron los Anchorena, Aleman, Bunge, Blaquier, Ortiz, Basualdo, Belgrano, Cornejo, Casaux, Demaría, Deheza, Ezcurra Elizalde, Escalante, Lavalle, Montes de Oca, Torquins, entre otros también estuvieron Luís Sandrini, Berta Singermann, el cuerpo de baile del Follies Bergére de París.

Actualidad - Edén Hotel, la reconstrucción del Titanic

Dicho Hotel, fue declarado Monumento Histórico Cultural. Desde entonces se ha tratado de preservarlo de la mejor manera, por ello la Municipalidad de La Falda ha concesionado el establecimiento a empresarios locales, quienes (bajo estricto control de Patrimonio de la Pcia. ), están recuperando su estructura, lugares característicos como el Salón Principal de Fiestas y el Salón Comedor: “Salón Imperial” uno de los más importantes de la zona por su equipamiento de luces y sonido de última generación.
Se ha trabajado con mucha cautela sobre los techos, instalaciones eléctricas, cañerías, sanitarios, pisos, aberturas… con la premisa fundamental de mantener intacta la fachada del Hotel.

Éstas son algunas de las obras finalizadas dentro de un proyecto que ampara un crecimiento más importante del predio. En éstos salones se realizan fiestas privadas como: casamientos, cumpleaños, agasajos, etc.

Permanentemente se acentúa el trabajo en el re-acondicionamiento general de su fachada, parques, jardines, techos, aberturas y la habitación presidencial (la más importante del Edén).
En el Hotel se efectúan visitas guiadas diurnas y nocturnas los días lunes, miércoles y jueves desde las 22:00 y 00:00 hs; llevadas adelante por profesionales que van relatando a los visitantes el nacimiento de la ciudad, la historia. En sus instalaciones además, como agregado cultural, un museo de trenes en miniatura “TRENSHOW” y una cava de 1898 con degustaciones de quesos, salame de la colonia, vinos, alfajores regionales y cuenta con una tienda de regalos artesanales y recuerdos del lugar.
Artistas como: Cacho Buenaventura, Mercedes Sosa, Estela Raval y los Cinco Latinos, Carlitos Bala, Patricia Sosa, Valeria Lynch, Roberto Piazza, Edén Tango Club, Piñón Fijo, Katunga, son algunos de los espectáculos que hoy, el Edén brinda

FUENTE: www.lafalda.gov.ar
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Martes 10 de mayo de 2005
Vida Cotidiana

En La Falda, fantasmas nazis sobrevuelan el Edén

Un documento del FBI fechado cuatro meses después del suicidio de Hitler alertaba sobre la posibilidad de que el Führer huyera con destino al hotel de sus amigos, el Edén, en Córdoba.

Durante la guerra sus dueños -amigos de Hitler- recaudaban dinero para el nazismo.
Sesenta años después de la capitulación del Tercer Reich, firmada el 8 de mayo de 1945, el Hotel Edén de La Falda, uno de los más acabados íconos hitlerianos de Córdoba, espera una licitación milagrosa que lo salve de una vez del abandono en que se encuentra.

Ruinoso y desde hace años a punto de derrumbarse, sus viejas paredes a medio empapelar encierran el prólogo a la historia negra de los nazis llegados a la Argentina al amparo del primer gobierno peronista.

Sus propietarios durante la guerra, Walter e Ida Eichhorn, habían sido amigos personales de Adolf Hitler y algunos de sus oficiales de estado mayor, y el 17 de setiembre de 1945 el FBI norteamericano llamaría la atención sobre la pareja y su hotel: "Si el Führer tuviera en algún momento dificultades, él podría encontrar un refugio en La Falda, donde ya se han hecho los preparativos necesarios".

El documento está fechado cuatro meses y diez días después de que Hitler se suicidara en el búnker de la Cancillería, en Berlín, y forma parte de una serie en la que el FBI investigó la supuesta huida del jefe nazi hacia la Argentina, una hipótesis que resultaría disparatada.

Recaudación en las sierras

La atención de los americanos sobre el matrimonio Eichhorn había comenzado a manifestarse meses antes del fin de la guerra, cuando consiguieron recopilar información de inteligencia en Buenos Aires que los comprometía.

En pocas semanas, el FBI había descubierto que la relación entre el führer y los dueños del Hotel Edén era más que estrecha, y que los Eichhorn no sólo eran nazis confesos y activos, sino que además habían actuado como recaudadores de dinero durante la campaña de Hitler para acceder al poder.

Ya en 1935, durante un viaje a Europa de la pareja, el 15 de mayo habían sido recibidos en la Cancillería del Reich y condecorados por el jefe del partido. "Querido camarada Eichhorn", había dicho un solemne Adolf Hitler ese día. "Desde su ingreso en 1924, usted y su esposa han apoyado al movimiento nacionalsocialista con enorme espíritu de sacrificio y acertada acción, y a mí personalmente, ya que fue su ayuda económica la que me permitió -en el verdadero significado de la palabra- seguir guiando la organización".

La colaboración seguiría en los años siguientes hasta tal punto que Ida Eichhorn y su esposo, en las sierras, durante el verano de 1944, recaudarían el equivalente a 30 mil marcos de la época, que habían enviado a Berlín a nombre del ministro de Propaganda, Joseph Gobbels.

En los últimos meses de la guerra, según recuerda el historiador local Carlos Panozzo, La Falda pasaría de ser un centro de recaudación a un lugar de refugio: en el puesto policial cercano al Edén de los Eichhorn, 1.200 alemanes recién llegados iniciarían el trámite para obtener documentos argentinos, alegando que estaban radicados allí.

Un hotel muy particular

Los Eichhorn habían llegado a La Falda en 1912 y compraron el Edén a otros alemanes que habían comenzado a explotarlo a finales de siglo. A partir de entonces, se iba a convertir en un hotel de cien habitaciones y cuarenta baños; comedor para 250 personas, bodegas repletas, salones decorados con arañas de Murano y mármoles de Carrara, donde las familias más aristocráticas de la Argentina llegaban con su propio personal de servicio a pasar largas temporadas.

Según los registros de huéspedes, que aún se conservan, en el Edén se alojaban científicos como Albert Einstein, poetas como Rubén Darío, presidentes como Julio Roca y Agustín P. Justo, y príncipes como el italiano Umberto de Saboya. Las instalaciones contaban con un cine propio, frigorífico y generadores de energía, el crecimiento de La Falda se construiría a la sombra de su influencia.

Sin embargo, a partir de los años treinta el hotel iba a adquirir algunas características particulares. Viejos empleados todavía recuerdan los utensilios de cocina grabados con la cruz esvástica, y según reconstruye el historiador Panozzo, "los discursos y arengas de Hitler, en su momento de mayor auge, eran captados por una antena de onda corta levantada en el techo del Edén, y retransmitidos dentro y fuera del hotel por altoparlantes".

En uno de los salones reservados del hotel, un gran retrato de Hitler, autografiado, presidía las ceremonias privadas de los Eichhorn. Viejas fotografías de Arturo Francisco, el primer fotógrafo de La Falda, muestran el retrato rodeado de ofrendas florales, como si el salón fuera un lugar de culto.

Una carta de los Eichhorn a unos amigos alemanes, reproducida en un film documental, dice textualmente: "(...) La Falda es enteramente obra nuestra y por lo tanto tiene un fuerte tinte alemán. Obviamente, nos hemos preocupado muy bien en que el pensamiento político de toda nuestra gente sea sin excepción nacionalsocialista".

El mito de la fuga de Hitler

El documento del FBI que pone en evidencia a los Eichhorn plantea también la sospecha de que Adolf Hitler hubiese podido escapar de Berlín y refugiarse en las sierras cordobesas. Hasta hace pocos años la sospecha había dejado lugar a la leyenda, y en La Falda todavía se podían escuchar testimonios de quienes juraban haber visto al führer caminando por allí.

Uno de esos presuntos testigos era una ex empleada del hotel, Catalina Damero, quien fantaseaba con haberle llevado la comida a Hitler, "a quien los Eichhorn alojaban en una habitación reservada del hotel".

Aunque esto no fuese cierto, la historia del Edén había estado muy ligada al nazismo, y tras el fin de la guerra los vientos cambiaron brutalmente para los alemanes de La Falda. Tras el armisticio, del cual hoy se cumplen sesenta años, un grupo de militantes antinazis derrumbó el águila que coronaba el capitel del edificio, y de la noche a la mañana las casas de los Eichhorn y sus amigos aparecieron pintadas con la "V" de la victoria que habían popularizado Winston Churchill.

Uno de esos antinazis había sido Ernesto Guevara Lynch, el padre del Che, a quien muchas veces había llevado en sus correrías por las sierras para espiar a los Eichhorn.

El final del Edén

Tras la rendición de Alemania, a la que Argentina había declarado la guerra sólo unas semanas antes, el hotel le fue expropiado temporalmente a los Eichhorn, como parte de la "propiedad enemiga" que había en el país.

Sus instalaciones iban a servir, en las semanas siguientes, para la internación del embajador japonés y todo su cuerpo diplomático, quienes habían quedado prisioneros con la derrota del Eje. Permanecerían allí durante ocho meses, al cabo de los cuales el Edén entraría en una especie de cono de sombras y más tarde no se podría saber con certeza ni quiénes eran sus dueños. Una de las versiones más insistentes era que se lo había quedado Juan Duarte, el hermano de Eva Perón, que a la vez era el secretario del presidente.

Con los años, otras historias de nazis circularían por allí. Adolf Eichmann y su familia, por ejemplo, visitarían con frecuencia La Falda, y Adolfo, uno de los hijos del autor de la "Solución Final", se casaría con la hija de un ex jardinero del hotel llamado Pummer.

También un ex marino del acorazado "Graf Spee" Erich Müller formaría matrimonio con María Zárate, quien había sido camarera del Edén.

Ahora, sesenta años después del fin de la guerra, ese ícono nazi de las sierras cordobesas espera una licitación que lo salve del derrumbe. Su historia, sin embargo, sobrevivirá a cualquier contingencia: será para siempre el hotel donde el FBI sospechó que se escondería Adolf Hitler, si hubiera conseguido escapar a la Argentina.

Jorge Camarasa

Elogio de la diferencia

En su libro "El Hotel Edén de La Falda", el historiador Carlos Panozzo reproduce una carta que el 28 de enero de 1930 un grupo de alemanes de la zona envió al ministro de Obras Públicas de Córdoba. En el documento, suscripto por veinticinco habitantes de Villa Edén, la zona que rodeaba al hotel, los vecinos reclamaban que no querían integrarse a La Falda ni a su municipio. Las razones que alegaban era que sus chalets estaban mejor construidos y sus calles mejor delineadas, y que el pueblo era "una población como cualquier otra, donde sus habitantes ejercen actividades propias de toda agrupación de gente".

El mismo día, en otra carta dirigida a una tal "señora Seyppel", Walter Eichhorn le pide que apoye este movimiento separatista y culmina despidiéndose: "Esto hará bien a todos. En nombre de Dios, saludos a todos nosotros y salve al Tercer Reich".

FUENTE: www.rionegro.com.ar
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Desde su creación en 1899 impuso a la región un destino turístico. Allí se alojaron grandes personalidades tanto de la política, las ciencias y las artes del país y el mundo entero.
Quedan constancias de la presencia del Príncipe de Gales y el de Saboya, Albert Einstein, los presidentes argentinos Julio A Roca, Figueroa Alcorta, así como lo mas granado de la nobleza europea y los apellidos mas ilustres de la sociedad argentina.
El hotel Eden es el resultado de la conbinación de las sutilezas del arte finisecular con los portentos de la ciencia recien nacida del S XX.

Una gran escalinata de mármol daba entrada a sus salones y habitaciones decoradas con la riqueza y esquisitez de aquella época. Contaba con 100 habitaciones, 38 cuartos de baño, un gran salón comedor para 250 personas, un comedor auxiliar para niños y personal, un salón de fiestas, sala de lectura, escritorio, 2 jardines de invierno, salón bar, 1 galería cubierta y 2 balcones desde los que se apreciaba el magnífico parque con su fuente de mármol con 2 leones a cada lado y los miles de árboles plantados en su predio traídos del viejo mundo, siendo hoy un reservorio forestal favorecido por su excepconal clima.
En el subsuelo funcionaba un salón de billar, juegos, toilettes, sótano, bodega y 16 habitaciones para el servicio.
Contaba con usina propia, generadora de luz y calefacción central, talleres, cocheras, quinta y corrales para el abastecimiento y procesado de todos los alimentos que ofrecían.
Poseía caballerizas que proveían los animales para las cabalgatas y cacería del zorro. Un campo de golf de 18 hoyos, una pileta de natación con aguas renovadas por una vertiente, canchas de tennis y hasta un establecimiento bancario.
Su mobiliario, vajilla, cristalería, platería, estatuas, alfombras, pianos y pinturas fueron traídos desde Europa, repondiendo a los cánones del art noveau.
Se caracterizaba por sus grandes bailes donde se vestía de rigurosa etiqueta durante todas las noches de la temporada, danzando al compás de orquestas de renombre.
Es el antecedente más importante de los hoteles autoabastecidos.

El hotel Edén prometía a sus pasajeros en su época de esplendor, un lugar paradisíaco ideal para toda época del año, perfecto para el espíritu y la salud.
Entre 1912 y 1945 vivió su época de mayor esplendor. En nuestros días se intenta la transformación y recuperación del inmueble adaptándolo para el funcionamiento como hospedaje de nivel internacional con sala de congresos y convenciones, spa, restaurante de lujo y una planificación integral, mediante una concesión a través de un mecanismo de iniciativa privada que ya comenzó con el proceso de las reformas .

FUENTE: www.trazosdigital.com.ar

FOTOS DE LA WEB (créditos a quien corresponda)
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FOTOS DEL HOTEL EDEN EXTRAIDAS DEL EXCELENTE DVD " EDEN HOTEL" EL NACIMIENTO DE UN PUEBLO REALIZADO POR LA GENTE QUE ESTA TRABAJANDO EN EL LUGAR, EL MISMO CONTIENE UN RICO MATERIAL DE IMÀGENES DEL PASADO Y PRESENTE DEL EDEN, POR ESO NO LO VOY A SUBIR. SI VAN A LA FALDA VISITEN EL HOTEL Y COLABOREN CON LA GENTE QUE ESTA HACIENDO UN TRABAJO DE RESTAURACION DE ESE PATRIMONIO ARGENTINO. AUDIO ORIGINAL.




VIDEO: fabianrez
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VIDEO: MarieCurie83

GRAN CLUB HOTEL SIERRA DE LA VENTANA - BUENOS AIRES





Primer lugar del turismo mundial, orgullo y debilidad de la aristocracia argentina del 1900. Una historia tan única como majestuosa.

El Club Hotel de la Ventana fue un complejo turístico situado en la actual localidad argentina de Villa de la Ventana, partido de Tornquist, Provincia de Buenos Aires.
Cuando allá, por los primeros años del 1900, todavía en el mundo no existía el concepto que hoy tenemos del turismo, un grupo de visionarios, argentinos e ingleses, comenzaba a levantar los cimientos de un sueño inmenso.

Fue ideado en el año 1900 e inaugurado en 1911; clausurado en 1920. En 1983 el edificio fue reducido a ruinas por un incendio. Fue el primer complejo hotelero de Sudamérica y uno de los primeros casinos en la Argentina. Hoy en día sus restos constituyen un atractivo turístico.

Tan grande y majestuoso fue que aún hoy, a más de cien años, convertido en ruinas y abandonado al paso del tiempo, sigue atrayendo huéspedes que se contentan con sólo recorrer sus pasillos, sus salones y lo que quedó de sus exóticas y extravagantes habitaciones.

De centro asistencial a hotel majestuoso

En 1900 el Dr. Félix T. Muñoz médico especialista en vías respiratorias visitó Villa Ventana en la localidad Sierra de la Ventana y consideró que el lugar era propicio para un centro de salud y recuperación, ya que encontró allí un clima tan sano que facilitaría la cura de enfermedades de tipo respiratorio y nervioso. Enseguida tuvo una idea: construir allí un gran hospital sería una buena inversión a futuro.

El Dr Manuel Lainez, amigo del Dr. Muñoz, rescatando esa idea y dueño de 3000 hectáreas de campo decide proponer a la "Companía Británica del Ferrocarril del Sud" levantar en la zona un centro de salud. Los Dirigentes de la companía Británica deciden tomar la idea pero no para construir un centro de salud sino un fastuoso complejo hotelero.
El ramal de esta empresa que atravesaba la pampa hacia el sudoeste en dirección a Bahía Blanca estaba dando por aquel entonces muchas ganancias a los ferrocarriles británicos, de modo que vieron en el proyecto del dr. Muñoz una excelente oportunidad para incrementar aún más el tráfico de pasajeros por esta bella zona: la construcción de un enorme y fastuoso complejo hotelero. Impensado, no sólo para la Argentina que se estaba formando, sino también para la vieja Europa que todavía no sabía qué significaba la palabra “turismo”.

El 15 de agosto de 1903, entonces, se inauguró la parada de tren que correspondería al hotel. Más adelante, sería la estación Sauce Grande, actualmente llamada Sierra de la Ventana.

El nacimiento de un gigante

La construcción comenzó en el año 1904. Hacia 1909 se constituyó la sociedad anónima "Compañía de Tierras y Hoteles de Sierra de la Ventana", y sus estatutos fueron aprobados por un decreto del presidente de la República Figueroa Alcorta y Rómulo S. Naón, el 2 de septiembre de dicho año.


La obra fue concebida por los Arquitectos Gastón Luis Mallet & Jacques Dunant, el constructor fue el italiano Antonio Gherardi (experto constructor italiano que había levantado la aduana de Bahía Blanca) con el estilo europeo Belle Epoque. Las escalinatas fueron diseñadas por Antonio Gandino, que utilizó mármol de Carrara.

El mayor problema para la construcción era el aprovisionamiento de ladrillos, que fue solucionado por Don Ernesto Tornquist, ciudadano de Sierra de la Ventana,quien firmó un acuerdo con la sociedad anónima, para instalar en las inmediaciones del hotel, un ala de la fábrica de ladrillos, que había adquirido recientemente en Checoslovaquia. El cuerpo central de esta fábrica, que fue una de las primeras en el mundo y se llamó F. Ctibor, se instaló en La Plata y funcionó allí hasta hace pocos años.
Las dimensiones y características del hotel fueron espectaculares. En cada una de sus dependencias se puso extremo cuidado en los detalles. Con una superficie cubierta de 6.400 metros cuadrados, se habían asegurado todas las comodidades: galería solarium, restaurante decorado al estilo Luis XVI, jardín de invierno, salón de fiestas con 150 butacas, 3 salas de casino, un entrepiso usado como night club, 2 peluquerías, una torre mirador con vista panorámica de toda la zona serrana, sala de música para conciertos, una nutrida biblioteca y canchas de golf y tenis, entre otras muchas instalaciones.

El 11 de noviembre de 1911 se inauguró el nuevo Hotel con una fastuosa fiesta. En la ceremonia participaron 1200 invitados.
Los automóviles con capacidad para 12 personas que había provisto el Ferrocarril del Sud resultaron insuficientes para los traslados desde la estación Sauce Grande hasta el hotel debido al elevado número de concurrentes. Toda la "sociedad" argentina y extranjera quería conocer "la maravilla del siglo", nombre dado al hotel por el General Julio Argentino Roca.
A las 10 de la mañana se iniciaron los actos, ante 1200 personas, con una misa que estuvo a cargo del Obispo de La Plata Monseñor Don Juan Nepomuceno Terrero, clérigo muy allegado a la familia Tornquist. Luego hicieron uso de la palabra el embajador de Inglaterra Lord Barington, el presidente de la Compañía de Tierras y Hoteles de Sierra de la Ventana Don Samuel Hale Pearson y el Dr. Manuel Láinez en representación del gobierno de la Nación; mientras al tope de la torre mirador el pabellón patrio flameaba junto a las banderas de países amigos.
Luego a las 13.30 h se sirvió el banquete en centenares de mesas con vajilla de plata y porcelana ubicadas en el gran comedor, la sala de recepción, el hall y el solarium. El servicio fue atendido por el personal del Plaza Hotel de Bs. As. que terminó cumpliendo esa función hasta el cierre del hotel. El menú comprendió unos cuarenta platos distintos, veinte postres y veinte bebidas, siendo todas especialidades de primer nivel mundial.
El 30 de noviembre de 1914 se inauguró el ramal del tren de trocha angosta desde la estación de Sierra de la Ventana hasta el Club Hotel.

“La Maravilla del Siglo”, como lo bautizó Julio Argentino Roca, supo albergar a lo más selecto de la aristocracia argentina y extranjera de aquellos años. Entre los invitados a la inauguración oficial se contaban muchos apellidos y nombres que aún hoy resuenan en nuestros oídos y que bautizaron las calles de la ciudad de Buenos Aires así como también los partidos de casi toda la provincia.


Nada es para siempre

Entre los años 1913 y 1914, los ecos mundiales de grandes depresiones económicas hicieron que el hotel comenzara a trabajar a pérdidas.
La Primera Guerra Mundial tiene consecuencias letales para el emprendimiento. A pesar de la guerra el 9 de julio de 1916, se festejó allí con la asistencia de la Infanta Isabel de Borbón, el príncipe de Gales Eduardo, el Presidente de Brasil, muchísimos políticos argentinos, diplomáticos, embajadores, gente de la alta sociedad, etc, el centenario de la Independencia Argentina.

En el año 1917 y durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen se sanciona la ley de prohibición de los juegos de azar. Los propietarios del Club Hotel (en su mayoría ingleses) dispusieron su liquidación, cerrándose el complejo el 14 de marzo de 1920 y el ramal de trocha angosta el 21 del mismo mes.
El Club Hotel siguió contando sin embargo con personal a cargo de su mantenimiento.

Finalmente, el 30 de noviembre de 1924, el gobierno de la Provincia de Buenos Aires se hizo cargo del hotel con el objeto de instalar allí una colonia de vacaciones de la Dirección General de Escuelas para alumnos, docentes y familiares. El proyecto quedó trunco y a partir de entonces lentamente se fueron vaciando la bodega y elementos del hotel.


En el año 1943, después del enfrentamiento entre el acorazado alemán Graf Spee y los cruceros británicos Exeter, Achilles y Ajax en el Río de la Plata, un grupo de 350 marinos integrantes de la tripulación del acorazado nazi Admiral Graf Spee fueron enviados por la Armada Argentina al ex Club Hotel para su internación bajo la vigilancia del Regimiento V de Infantería del ejército. Allí permanecieron hasta febrero de 1946. Los tripulantes del Graf Spee restauraron y dieron vida nuevamente al clausurado Club Hotel de Sierra de la Ventana, que fue reabierto como centro de detención durante los 2 años que duró su estadía en él. Sin embargo, la partida de los marinos a su país de origen hizo que otra vez ganaran el olvido y el abandono.

Nunca pudo materializarse ninguno de los múltiples emprendimientos educativos y turísticos que hubo desde su clausura para reabrir o reutilizar las instalaciones del viejo Club Hotel. Finalmente, en 1978, el hotel comenzó a ser demolido. En la madrugada del 8 de julio de 1983 el edificio principal fue consumido por un importante incendio, que algunos sostienen fue intencional, aunque los peritos determinaron que se trató de un accidente. El hotel quedó en ruinas. El lugar fue declarado Monumento Histórico por la Muncipalidad de Tornquist en el año 1999.
Aunque hoy yace en ruinas, a casi un siglo de su inauguración, su huella sigue siendo motivo de visitas permanentes.





FUENTE: www.welcomeargentina.com
FUENTE: http://es.wikipedia.org
FUENTE: www.villaventana.com












HOTEL TERMAS EL SOSNEADO - MENDOZA



LAS MEJORES AGUAS RADIOACTIVAS Y SULFUROSAS
PAISAJE Y CLIMA IDEALES-HOTEL MODERNO Y CONFORTABLE CALEFACCIÓN
Con ese slogan se inauguró en diciembre de 1.938 el Hotel Termas el Sosneado, una maravilla de arquitectura, lujo y confort para la cordillera del sur de Mendoza

Las bondades de estas aguas termales eran conocidas desde antiguas épocas, y seguramente fueron utilizadas por los nativos hombres americanos en tiempos prehistóricos.

El afloramiento de aguas termales se ubica junto al río Atuel, sobre la RutaProvincial Nº 220, a una altitud de 2.180 metros sobre el nivel del mar, a unos 60 kilómetros, hacia el noroeste de la localidad del Sosneado. El manantial, enclavado prácticamente al pie del volcán Sosneado, es seguramente relicto de las grandes manifestaciones ígneas producidas en la región y se suma al importante inventario termal de la zona de influencia del Atuel.

Don Alfonso Capdeville, fundador de la estancia El Sosneado, instaló en el lugar algún tipo de infraestructura para utilizar este recurso. De acuerdo con los antecedentes existentes la realización de estas construcciones y la utilización de las aguas termales respondía al espíritu filantrópico de don Alfonso, pues se permitía el acceso libremente a todo aquel que necesitara beneficiarse con aquellas aguas curativas

En diciembre de 1.938, la Compañía de Hoteles Sud Sudamericanos Ltda., subsidiaria la empresa ferroviaria de B.A.P. inauguraba con un gran despliegue publicitario y con la presencia de personalidades de distintas partes del mundo, aquellas lujosas instalaciones, dotadas de un confort inusitado en aquellas latitudes.

Este quijotesco emprendimiento, enclavado en una zona de una belleza incomparable, pero también con un clima riguroso y con rutas de acceso sumamente dificultosas, brindaba servicios acordes con las exigencias de los clientes que pertenecían a la alta sociedad mundial.

Mantuvo su actividad hasta mediados de la década del 50, en momentos en que se realizaron en la zona importantes adelantos como la instalación de moderna tecnología en la mina Volcán Overo, mejoramiento y construcción de puentes en la Ruta Provincial Nº 220, la construcción del ferrocarril entre San Rafael y Malargüe, el mejoramiento y construcción de puentes de la Ruta Nacional Nº 40, nuevas instalaciones en estancia y villa del Sosneado, incremento de explotaciones mineras, entre otros.

En 1953 fue alcanzado por un alud y a partir de ese año, y en una forma casi misteriosa, las lujosas instalaciones quedaron prácticamente abandonadas. Algunos cuidadores se mantuvieron algún tiempo mas, resguardando el hotel y todo su mobiliario, pero el paso del tiempo hizo que todo quedara solo.

Las posibles causas del abandono de la lujosa construcción fueron tema de comentarios durante muchos años entre los lugareños y los que llegaban. Algunos atraídos por las bondades de las aguas termales y muchos atrapados por el misterio que encerraba tanto lujo abandonado en medio de una geografía tan agreste.

El caso es que así poco a poco se fue disolviendo todo el esplendor que irradiaba para convertirse en el Hotel Abandonado, al cual aún hoy concurre gran cantidad de turistas a beneficiarse con las cálidas aguas que continúan aflorando junto a las ruinas de estilo nórdico, cargadas de misterios

FUENTE: http://www.oni.escuelas.edu.ar



Hotel Termas El Sosneado, del esplendor al abandono


Entre fines del ‘30 y mediados del ‘50 lo visitaban turistas extranjeros de gran poder adquisitivo. Hoy la gente ocupa sus instalaciones derruidas e inseguras como albergue. Se puede ingresar sin restricciones pero nadie controla.


Es difícil imaginar la belleza que rodea a un sitio de alta montaña como la zona suroeste del cerro El Sosneado -5.189m s/nm- (Sol naciente en lengua indígena) donde el río Atuel dibuja su paso entre cordones montañosos de nieves eternas. En esa inmensidad, y cerca del arroyo El Rosado que vierte sus aguas al río, se levanta un coloso de paredes de piedra que en la década del 30 marcó un hito en la hotelería de estas zonas.

Hoy enfrenta el paso del tiempo en forma de ruinas indefectiblemente condenadas a desaparecer. Paredes de piedras talladas a cincel, restos de cañerías galvanizadas de un diámetro importante, escaleras que comunican tres niveles y un gran salón comedor con una estufa a leña señorial hablan del lujo que supo ostentar el Hotel Termas El Sosneado. Al ingresar por lo que fue la entrada principal, donde hay una placa que dice: "Ryman o Dudley Arquitecto. Christiani y Nielsen empresa constructora", una imagen similar a la que se muestra del Titanic hundido en el océano invade la mente.
Es que la destrucción ganó al sentido común. Ahora es un lugar derruido que sirve de peligroso albergue a los ocasionales visitantes que se interesan por recorrer sus amplias salas y los que fueron dormitorios. Las losas de los techos penden de hierros oxidados y algunos huecos han sido taponados improvisadamente lo que transforma al paseo en una trampa mortal. Nadie vigila ni controla y cada uno hace lo que le place.






Al este de esta construcción aún se levantan las murallas, también de piedra, que protegen una gran pileta con agua termal tibia que invita a un reconfortante baño en aguas sulfurosas. Esta vertiente sirvió y sirve de principal atractivo. A la pileta central la flanquean dos fuentes surgentes del mismo manantial. Todas tienen distintas temperaturas y de su superficie emana un fuerte olor que indica la alta mineralización del líquido.

Es común ver a personas en busca de alguno de los mentados resultados curativos o por el simple placer de bañarse después de una jornada de caminata o pesca.

La historia indica que entre 1938 y mediados de la década del 50, turistas de todo el mundo, con gran poder adquisitivo, pasearon por la zona y se alojaron en este hotel que, en su interior, también tenía baños termales mantenidos con grandes calderas. El complejo se surtía de energía eléctrica propia desde una minicentral ubicada sobre el arroyo Neil, al oeste.

La flora del lugar reúne prácticamente a todas las especies de esta zona de montaña. Es así fácil encontrar molle, patabuilla, solupe (en dos de sus variedades), mayo, que los habitantes antiguos usaban para teñir prendas de color amarillo, altepe, arvejilla, chacay, blanquilla y otras plantas. Hay que aclarar que los nombres son los autóctonos y muchas veces no coinciden con su identificación científica. A este paisaje se agregan las "vegas" regadas donde los puesteros llevan a sus animales a la "veranada" para engorde. Las residencias de los crianceros (puestos), que viven cerca de los arroyos y vertientes que abundan, se identifican como "lo de don Isidoro Pavés, Jorge Araya, don Romero, don Verón y muchos otros. Estos sitios son identificables desde la distancia por el conjunto de árboles que se dibujan en las laderas de los cerros. También aparecen como pendiendo en las alturas los "riales", pequeños refugios de piedra donde los ganaderos pasan tres meses del verano con sus cabras.

El camino que une a la cabecera del más joven de los distritos sanrafaelinos con la falda del cerro homónimo es de aproximadamente 80 kilómetros de extensión. No es asfaltado y en época de la explotación de una mina de azufre estuvo mantenido por la propia empresa "Minera de las nubes" de Sominar (Sociedad Minera Argentina), propietaria de la estancia que también lleva el nombre del distrito y que tiene una extensión de 340.000 hectáreas. Esta ruta es la provincial 220 y en la actualidad está enripiada y conserva aún los viejos carteles verticales de grueso cemento armado.

Para llegar es necesario atravesar varios arroyos, algunos secos (llevan agua sólo en épocas de lluvia). También se puede visitar de paso la laguna que lleva el nombre del cerro. En el caso de los arroyos es común escuchar nombres que la gente denomina distinto a como figuran en las cartografías y mapas. Así es que están los arroyos Freno, Malo, La Manga, el Blanco, el Bayo, Las Hormigas y el que en algunos ocasiones se torna más problemático es Las Rosas, que trae aguas de deshielo del cerro El Sosneado. También, antes de llegar a destino, es posible observar la magnífica silueta del volcán El Overo "que hace ruido en invierno cuando hay mucha nieve", aseguran los lugareños y al fondo, hacia la zona donde cayó el avión de los uruguayos en la década del 70, está el cerro El Rosillo (3.577 m s/nm).

Es posible visitar el lugar pero tomando precauciones. Se puede acceder en una camioneta común o en un automóvil no muy bajo y para disfrutar sin contratiempos hay que proveerse de abundante repelente de insectos. Son parte del paisaje jejenes y tábanos. Esta dificultad se sortea también programando la visita en horas muy tempranas o al atardecer. Y si la premisa es la prudencia el paseo puede transformarse en único e inolvidable. Por Carlos Simón

FUENTE:www.losandes.com.ar


Este hotel fue construido por la empresa Cristiani & Nielsen, la misma que hizo el ferrocarril del Oeste (Sarmiento) y que actualmente tiene oficinas en Buenos Aires.
Esos terrenos son parte de unas enormes extensiones que al inicio de una serie de compras, ventas y expropiaciones, pertenecían a la Corona Británica.


El hotel funcionó a pleno en los '30 y '40, recibiendo clientes europeos que desembarcaban en Bahía Blanca y se dirigían en tren hasta San Rafael, (Mendoza).
Algunos incluso trasladaban sus autos.
Luego llegaban hasta el edificio (del Hotel) por sus medios o contratando el "transfer" que tenía el hotel.

Este establecimiento generaba su propia energía eléctrica por medio de una usina cuyo emplazamiento está intacto y dista alrededor de 1km. del hotel.

Durante el primer gobierno de Perón, con el cambio de las leyes sociales y de trabajo, los empleados del hotel se sindicalizaron y pidieron, entre otras cosas, cobrar todo el año.
El hotel era operativo sólo unos 4 meses de verano al año
Se inició un juicio y se estaba llegando a la expropiacion, cuando el dueño de ese momento, una familia Romero Dey (si mal no recuerdo), viendo perdida su propiedad lo desmanteló.
El resto del despojo que luce hoy lo hicieron los lugareños y visitantes, que han llegado a tomarse el trabajo de derribar paredes de hormigón armado sin ninguna otra intención aparente que destruir.

La construccion es colosal, hecha en hormigón (recién se conocía este material) y piedra del lugar perfectamente labrada.
No se usó un solo ladrillo.

Mientras funcionó, recibió personalidades muy reconocidas a nivel mundial.
Estaba incluido en la llamada "ruta imperial", que es una cadena de lugares de vacaciones para la nobleza inglesa y los altos funcionarios de ese estado.