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domingo, 17 de enero de 2010

¿QUÉ ES UN VAMPIRO?



La ciencia llama "vampiro" (nombre que le dio el naturalista Buffon en 1761) al murciélago hematófago conocido como "Desmodus rotundus", que vive en zonas oscuras, es de hábitos nocturnos y se alimenta de sangre. Son murciélagos de un tamaño entre los 6 y los 9 cm y un peso de 25-40 g., de pelaje denso color café grisáceo, con cara aplanada y orejas pequeñas y puntiagudas, hocico corto y labio inferior en forma de V, con incisivos superiores anchos y filosos e inferiores pequeños, siendo los caninos largos, de punta aguda y borde posterior afilado.
Su técnica de alimentación es la siguiente: gracias a sus agudizados sentidos localiza a sus víctimas (habitualmente ganado bovino, equino o porcino) y se acerca a ellas volando, arrastrándose por el suelo o saltando, mordiéndoles en los hombros, espalda, región perianal, en las patas, pezuñas, así como en la base de los cuernos o en las orejas. Suelen atacar cuando el animal duerme, produciendo poco dolor y, gracias al anticoagulante de su saliva, hace fluir la sangre a través del canal de su labio inferior.
La sangre consumida por el vampiro rara vez daña al animal afectado, pues suelen tomar unos 25 ml en media hora, aunque suelen acudir cada noche a alimentarse de la misma víctima, pues si pasan 48 horas sin comer mueren de inanición; curiosamente es un animal que comparte habitualmente el alimento con otros compañeros incapaces de conseguir alimento mediante la regurgitación de sangre.
Uno de los primeros en relatar su experiencia con un vampiro de este tipo fue Gonzalo Fernández de Oviedo en su "Sumario de la Natural Historia de las Indias" (1526), ya que fue mordido por ellos y tuvo que usar el método de los indígenas para curar sus heridas.

VAMPIRISMO CLÍNICO


El Vampirismo es una enfermedad, una conducta anormal en la que hay una necesidad compulsiva de ingerir sangre, se crea uno o no un vampiro. Se ha intentado renombrar como Síndrome de Renfield, en referencia al siervo de Drácula que aparece en la obra de Stoker, un comedor compulsivo de moscas y arañas cuyo fin era el de absorberles su fuerza vital.
El psicólogo Richard Noll, dice que suele producirse con mayor frecuencia en los varones, e intenta establecer una serie de fases en su desarrollo:

Infancia: el primer estadio suele producirse cuando el niño se ve involucrado en un incidente sangriento en el que descubre la excitación de la sangre.
Autovampirismo: descubren el placer que le provoca la visión o el sabor de su propia sangre.

Zoofagia: pasan a probar la sangre de animales.

Vampirismo clínico: es el estado más avanzado del síndrome, en el que pasa a ingerir voluntariamente la sangre de otros seres humanos mordiendo a las víctimas por placer, lo que les proporciona una enorme satisfacción hasta llegar al éxtasis, ya que el sabor de la sangre actúa para ellos como si fuera una droga.

Ha habido muchas personas con esta patología a lo largo de la historia, muchos de ellos influenciados por el cine, pero el caso más reciente es el de Allan Menzies. Un joven escocés de 22 años que se obsesionó con la película "Queen of the Dammed" ("La Reina de los Condenados"). Fue detenido por matar a Thomas McKendrick, el amigo que le facilitó la película por primera vez. Según él tenía un pacto con Akasha, la vampiresa de la película, para que le convirtiera en inmortal si mataba a alguien. Cuando un día su amigo se burló e hizo comentarios sexuales sobre la actriz, Allan se abalanzó sobre él, le asestó 42 puñaladas y le destrozó la cabeza con más de 10 martillazos; finalmente se bebió su sangre y comió parte de su cerebro. Durante el juicio no se mostró arrepentido en ningún momento e insistía en haberse convertido en un vampiro inmortal. Fue condenado a 18 años en prisión sin posibilidad de salir en libertad condicional, opinando que era "un demonio, violento y altamente peligroso, no apto para estar en libertad".

EL VAMPIRISMO Y LA MEDICINA 1 - LA PESTE





Convendría hacer una recapitulación sobre las posibles explicaciones sobre el fenómeno del vampirismo. La medicina ha intentado esclarecer la imagen del vampiro, no del cinematográfico (que ha sido muy desvirtuada y ha ido sumando nuevas características, a cada cual más sorprendente, según la voluntad de los guionistas o directores), si no del vampiro folklórico que inauguró el tema.
Centrémonos entonces en el estudio médico del vampirismo:
Deberíamos empezar por una explicación tan simple y, a la vez, tan compleja y verosímil como fueron las epidemias de peste (enfermedad infecciosa producida por la "Yersinia pestis", transmitida por las pulgas de las ratas y otros roedores) que convirtieron en endémico al vampirismo. Curiosamente este fenómeno se refleja en obras cinematográficas como el "Nosferatu" de Murnau o de Herzog.
Durante el siglo XIV, especialmente en Prusia oriental, Silesia y Bohemia, para evitar el contagio, las víctimas de la enfermedad eran enterradas rápidamente sin constatar la muerte clínica. Muchos de ellos sufrieron por ello una larga y atroz agonía, infligiéndose heridas en su intento de escapar de su cárcel de madera. No es de extrañar, por tanto, que al abrir los ataúdes se encontraran al cadáver conservado y con manchas de sangre, lo que a falta de una explicación mejor estimularía la imaginación supersticiosa de las gentes atribuyéndoles una condición de vampiros, y que los ingleses denominaron de una forma más o menos técnica como cadáver sanguisugus.
A esta creencia ayudó indudablemente los conceptos desarrollados por el cristianismo que, basados en la idea neoplatónica de la vida después de la muerte, fomentaron la idea de la corrupción del cuerpo y la supervivencia del alma hasta el día del Juicio Final, teniendo la posibilidad de acceder a este estado todos aquellos que murieran arrepentidos de sus pecados y que hubieran recibidos los últimos sacramentos. Con esta fórmula, todos aquellos que no fueran enterrados en tierra consagrada (especialmente los suicidas y los excomulgados) y los que no hubieran recibido la extramaunción, podrían convertirse en espectros corpóreos o vampiros.

EL VAMPIRISMO Y LA MEDICINA 2 - PORFIRIA



Existe también otra enfermedad, no infecciosa si no hereditaria, que clásicamente se ha alzado con el título de "enfermedad de los vampiros" y que, aunque curiosa y merecedora de estudio, no creemos que explique las formas epidémicas del vampirismo ya que es muy poco frecuente, existiendo hoy en día cerca de 250 casos diagnosticados con seguridad (aunque es posible que muchos estén en el archiconocido "cajón de sastre" de los médicos). Hablamos de la porfiria, especialmente en su manifestación más amplia, la llamada porfiria eritropoyética congénita o enfermedad de Günther en honor de su descriptor.
Las porfirias se producen por errores del metabolismo de las porfirinas, pigmentos precursores de la hemoglobina (ya que forman parte del grupo Hemo de la misma) que se encarga del transporte de oxígeno en la sangre y le da su característico color rojo. Un defecto en el ADN produce una alteración de la actividad enzimática encargada de producir las porfirinas, incrementando su velocidad de formación y produciendo una acumulación excesiva de las mismas.
El depósito de porfirinas en la piel sería causa de una de las características principales que se atribuyen a los vampiros, ya que provoca una hipersensibilidad a ciertas radiaciones del espectro solar (las de 400 nm de longitud de onda y en menor grado las de 500 a 600 nm), lo que desencadena un proceso de producción de peróxidos que, al liberar oxígeno atómico en los tejidos, provoca la destrucción celular. Esta exquisita fotosensibilidad hace que la exposición a la luz solar origine un fuerte enrrojecimiento cutáneo, con formación de ampollas que se infectan fácilmente y forman erosiones y úlceras que al cicatrizar dejan marcas y deformaciones en la zona afectada; la piel se agrieta y con la exposición solar es frecuente que sangre con facilidad.
Por otro lado, la clásica "facies vampírica" se explicaría cuando las lesiones faciales son extensas y por su carácter recidivante se vuelven mutilantes, destruyendo los labios (que dejan la dentadura al descubierto, aparentando ser los dientes de mayor tamaño que el normal), así como los cartílagos de la nariz (mostrando frontalmente los agujeros nasales) o los auriculares (dando ocasionalmente un aspecto puntiagudo a las orejas). Al acumularse las porfirinas, los ojos pueden aparecer de color rojizo así como los dientes (donde aparece la llamada eritrodoncia por el depósito porfirínico en la dentina).
Por otra parte, los defectos en la producción de hemoglobina da lugar a un cuadro de anemia hemolítica con toda la sintomatología características de las anemias, siendo llamativa la palidez general tal y como presenta la imagen clásica del vampiro. Un tratamiento habitual son las transfusiones de sangre o del grupo Hemo, que no sólo mejoran la anemia sino que frenan la producción de porfirinas; muchos han alegado que por esa razón los vampiros ansían la sangre, pero aunque antiguamente la terapéutica médica para las anemias incluía beber sangre de otros animales, lo cierto es que los jugos digestivos la destruirían (y mucha sangre tendrían que ingerir para que pudiera absorberse una mínima parte del grupo Hemo)
Para completar el cuadro, el organismo actúa y en un intento de proteger la piel del sol, desarrolla un hirsutismo o desarrollo anormal del vello en la frente, pómulos y extremidades, afectando a zonas tan poco habituales como las palmas de las manos (característica que Bram Stoker narra en su novela al describir por primera vez al conde Drácula).
Existe un dato muy curioso y que anima mucho a los amantes de las explicaciones vampíricas. Nos referimos al efecto que tiene el ajo para ahuyentar a los vampiros; el ajo ha sido casi un estandarte, junto al limón, para los defensores de la medicina natural, ya que le atribuyen propiedades antisépticas, antiparasitarias, expectorantes o hipotensivas. En 1978 se expuso a la comunidad científica que algunos extractos del ajo producirían un bloqueo de la coagulación de la sangre al inhibir la agregación plaquetaria; por otra parte, el grupo Hemo que forma parte del citocromo P-450 podría ser destruído por uno de los elementos del ajo, el alquildisulfuro. Quizá por ello, los vampiros porfíricos huirían de él, pues su ingesta u olor podría agravar rápidamente su estado de salud.
Este tipo de porfiria no trastorna, curiosamente, la sensación de bienestar del enfermo, aunque por el tipo de vida al que se encuentra sometido es frecuente que altere las facultades mentales, lo que podría explicar las obsesiones y crueldades que se atribuyen a los vampiros.
Aunque la teoría porfírica del vampirismo no explica bien las epidemias de vampiros, se ha intentado acercar al mito en base a la suposición de que al darse antiguamente entre clases nobles (donde era frecuente el derecho de pernada feudal) sería de suponer una diversificación del material genético del afectado de porfiria entre el pueblo llano, por lo que se podrían producir varios casos en un mismo periodo y con relativa frecuencia, explicando además los casos de vampirización dados en el entorno familiar del supuesto vampiro original. Por otra parte, entre las diversas variedades de la porfiria (especialmente en las variedades aguda intermitente, variegata y coproporfiria) puede desencadenarse una crisis por la ingesta de determinados medicamentos como los anticonceptivos, el diazepam, el fenobarbital, la metoclopramida (entre otros muchos más) o, más especialmente en el tema que nos ocupa, por la toma de alcohol o incluso por el estres intenso (situación que se crearía con relativa facilidad en el ámbito supersticioso y aterrador de la creencia en los ataques vampíricos).

EL VAMPIRISMO Y LA MEDICINA 3 - ANEMIA, ANTRAX, CARBUNCO



Un dato importante a remarcar fue la creencia en la afectación de los vecinos y familiares allegados al presunto vampiro. Las víctimas del vampiro presentaban una severa palidez acompañada de intensa fatiga, cansancio y respiración entrecortada. Este fenómeno tiene una sencilla explicación si pensamos en una enfermedad clásica, la anemia, un déficit en la cantidad o calidad de los glóbulos rojos de la sangre encargados de transportar el oxígeno a todo el cuerpo.
Aunque casi siempre se atribuía a la pérdida de sangre, lo cierto es que en esa época era frecuente la desnutrición (incrementada en periodos de epidemias), cuando no por ayunos con motivaciones religiosas que tenían el objetivo de purgar los pecados y verse libre del peligro de la peste.
Aunque pensamos que es una explicación traída algo por los pelos, también hay quien ha querido ver en los enfermos de antrax o carbunco (enfermedad muy contagiosa de los animales producida por el "Bacillus anthracis" y que puede transmitirse al hombre, capaz de crear gravísimas epidemias) la sintomatología de la persona atacado por los vampiros. En este caso los afectados presentan fiebre alta, sed intensa, convulsiones, afectación respiratoria y alucinaciones que se atribuyen a la falta de oxígeno, por lo que la sensación de asfixia por parte de la víctima podía ser expresada como el estrangulamiento a manos de un vampiro.

EL VAMPIRISMO Y LA MEDICINA 4 - LA RABIA



Existe una enfermedad infecciosa que lo explicaría mejor, especialmente cuando el auge del vampirismo coincidió con epidemias de este tipo en las regiones balcánicas durante los siglos XVI y XVII, siendo la más importante la ocurrida en Hungría entre 1721 y 1728. Nos referimos a la rabia, una enfermedad producida por un "virus RNA" de la familia rabdoviridae que se transmite de los animales a los humanos. Hay que destacar que muchos de los animales que han sido relacionados con los vampiros son portadores habituales de la enfermedad: perros, lobos y, cómo no, murciélagos. Puntualicemos también que un dato que nos hace pensar en ello es que un médico anónimo ya defendió en 1733 que el vampirismo era una enfermedad contagiosa de una naturaleza parecida a la que sobreviene tras la mordedura de un perro rabioso...
El hecho de que la mordedura de un vampiro convirtiera a la víctima en otro vampiro, quedaría explicado por el método habitual de transmisión de la enfermedad. Además, el largo periodo de incubación (habitualmente entre 1 y 3 meses), la sensación anormal expresada como parestesias o dolor en la zona de mordedura, y la sintomatología inespecífica inicial (fiebre, pérdida de apetito, fatiga, depresión, temor, ansiedad y sueños angustiosos) ayudarían a creer en una progresiva transformación de una persona al estado vampírico.
La rabia puede manifestarse en un bajo porcentaje de casos como "rabia paralítica", aunque lo más frecuente es la llamada "rabia furiosa", con una sintomatología extrapolable a lo que se dice sobre los vampiros. Aquí se desarrolla un cuadro de encefalitis, con una predilección del virus por afectar al sistema límbico (importante en el control de las emociones y la conducta), siendo frecuente la inquietud y agitación creciente que puede llegar hasta la agresividad, insomnio persistente con alteración del ritmo del sueño y modificaciones de la conducta sexual que suele expresarse como hipersexualidad.
Son frecuentes los espasmos musculares que afectan al área facial, faríngea y laríngea, favoreciendo que el paciente emita sonidos roncos y ahogados, y que se produzca una retracción de los labios de forma que asoman los dientes como si fuera un animal. También presentan una exaltación de los reflejos, originando accesos de furor maníaco frente a pequeños estímulos, como son los leves contactos, las corrientes de aire, la luz, los ruídos, ciertos olores o a excitaciones mínimas como ver su imagen reflejada en un espejo; más característica es la reacción frente al agua provocando la hidrofobia, nombre por el cual se conoce también a esta enfermedad, que origina un fuerte espasmo faríngeo que origina intensos dolores al intentar tragar agua o simplemente con su visión (¿sería extrapolable al agua bendita?); igualmente a veces presentan problemas para tragar su propia saliva, por lo que gotea por su boca formando espumarrajos. Las pesadillas y las alucinaciones también suelen estar presentes en este tipo de cuadro florido de la rabia.

EL VAMPIRISMO Y LA MEDICINA 5 - PSIQUIATRÍA

Finalmente deberíamos destacar un origen etiológico del mito. Hablamos de las enfermedades mentales.
Ya hemos hablado de las crisis neuropsiquiátricas que pueden aparecer tanto en la rabia como en la porfiria, pero en este apartado nos ceñiremos específicamente a la
patología psiquiátrica .

El Vampirismo es una enfermedad mental caracterizada por la excitación sexual asociada con una necesidad compulsiva de ver, sentir o ingerir la sangre existiendo o no el autoengaño creencial de ser un vampiro.
Es un tipo de
parafilia poco común. Algunos autores la consideran una variación de la necrofilia. También consideran que es una forma de sadismo ya que estos individuos chupan la sangre de las heridas que ocasionan a sus víctimas en su arrebato sexual.

También se la puede incluir como un tipo de
Fetichismo sexual pues consiste en la excitación erótica o la facilitación y el logro del orgasmo a través de una sustancia o parte del cuerpo en particular, es decir de la sangre como fetiche.

Muchos pacientes con este trastorno han sido diagnosticados por psiquiatras o psicólogos como
psicóticos o esquizofrénicos, aunque otros han propuesto que se definan estos casos como parte de una enfermedad particular con signos, síntomas y patogenia propios que han denominado como Síndrome de Renfield.

Algunos pacientes niegan el carácter erótico o la connotación sexual de la experiencia de ingerir sangre, atribuyendo, en forma delirante, su conducta a la necesidad de mantenerse vitales y activos únicamente a partir de la sangre, rasgo que algunos psiquiatras señalan como síntoma de esquizofrenia de tipo residual o de tipo indiferenciado.

En ciertos casos de vampirismo grupal no violento, con donadores pasivos voluntarios, el diagnóstico más adecuado sería el de
sadomasoquismo


Se debe distinguir de comportamientos sociopáticos y rituales sangrientos que caracterizan a algunas sectas religiosas, como por ejemplo los seguidores de la diosa Kali en la India.

Es de destacar que la psiquiatría se ha interesado por estos casos de conducta anormal donde hay una necesidad compulsiva de sentir o ingerir la sangre, existiendo o no el autoengaño creencial de ser un vampiro. Muchos han sido diagnosticados como psicóticos o esquizofrénicos, aunque otros han definido su enfermedad como lo que podría encuadrarse en el llamado "vampirismo clínico" y que se ha intentado renombrar como Síndrome de Rensfield, en referencia al personaje enfermo mental y siervo de Drácula que aparece en la obra de Stoker, un comedor compulsivo de moscas y arañas cuyo fin era el de absorberles su fuerza vital.

Pese a que este síndrome no está establecido ni aceptado completamente por el mundo médico, el psicólogo Richard Noll, en su libro "Bizarre Diseases of the Mind" (1990), dice que suele producirse con mayor frecuencia en los varones, e intenta establecer una serie de fases en su desarrollo:

1) Infancia: el primer estadío suele producirse durante la infancia, cuando el niño se ve involucrado en un incidente sangriento en el que descubre la excitación de la sangre;

2) Autovampirismo: donde descubre el placer que le provoca la visión o el sabor de su propia sangre;

3) Zoofagia: donde pasan a probar la sangre de animales, siendo especialmente atraídos por los denominados animales de compañía; y

4) Vampirismo clínico: es el estado más avanzado del síndrome, en el que pasa a ingerir voluntariamente la sangre de otros seres humanos mordiendo a las víctimas por placer, lo que les proporciona una enorme satisfacción hasta llegar al éxtasis, ya que el sabor de la sangre actúa para ellos como si fuera una droga.

viernes, 1 de enero de 2010

PROFECÍAS MAYAS - EXPLICACIÓN CIENTÍFICA


Posteo estos videos en los que se da una explicación científica a las profecías mayas para el 2012