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domingo, 9 de diciembre de 2012
ENCENDIDO DEL ÁRBOL DE NAVIDAD EN CÓRDOBA - ARGENTINA
El ya tradicional símbolo navideño de la capital cordobesa prendió ayer sus 500 luces a las 20 horas.
El Árbol de Navidad, ubicado en el corazón de la Plaza España de la ciudad de Córdoba, comenzó a brillar ayer sábado 8 de diciembre, a las 20, en una celebración que incluyó números artísticos y todo el espíritu de las celebraciones de fin de año.
El Coro de la Famaf de la Universidad Nacional de Córdoba, dirigido por el maestro Gustavo Rocchietti, acompañado de la Camerata Amadeus interpretó villancicos navideños, temas de música clásica universal y folclore sinfónico.
El tradicional árbol tiene una altura de 65 metros incluida la estrella navideña, 360 líneas lumínicas multicolores, 120 tensores de acero y 500 bolas lumínicas multicolor de tecnología led y bajísimo consumo, con estas características lo convierten único en su tipo y el más alto del país. El despliegue de luces está coordinado por un sistema computarizado de encendido y efectos lumínicos.
Treinta y dos cubos que constituyen regalos gigantes al pie del enorme árbol, completan la postal navideña, en una de las intersecciones más populares y pintorescas de la ciudad.
Es de destacar que la estructura, que los cordobeses y particularmente los chicos han incorporado a la celebración navideña, cuenta con un perímetro de seguridad y guardia durante las 24 horas. Las luces se encenderán todos los días desde la caída de la tarde hasta las 4 de la madrugada, durante los meses de verano.
VIDEO DE: Julian Mugas
jueves, 8 de diciembre de 2011
ÁRBOL DE NAVIDAD- CÓRDOBA - 2011
Anoche en Córdoba,se encendió por cuarto año consecutivo el Árbol de Navidad más grande de Argentina. Está ubicado en el centro de la Plaza España, en el Barrio "Nueva Córdoba". La estructura tiene 60 metros de altura y cuenta con tensores, anclajes y aparejos para sostener su peso.Tiene un sistema de luces de led de 280 tiras dobles verdes y 500 bolas navideñas que cambian de color.
A su vez los 32 cubos de hormigón de la plaza España simulan ser grandes y coloridos regalos navideños.
VIDEO DE: luisrsegura
A su vez los 32 cubos de hormigón de la plaza España simulan ser grandes y coloridos regalos navideños.
VIDEO DE: luisrsegura
martes, 18 de octubre de 2011
CÓRDOBA DE LAS CAMPANAS
Eran unas dulces
claras notas finas.
Eran las campanas
de las Catalinas
Eran un canto alado
como de promesa.
Eran las campanas
de Santa Teresa
Eran una voz
diciendo un distinto.
Eran las campanas
de Santo Domingo
Eran una voz mansa
llamando al aprisco.
Llamaban a misa
las de San Francisco
Eran unas voces
de amor hecho sed.
A misa llamaban
las de la Merced
Eran una voz llena
diciendo María.
Eran las campanas
de la Compañía
Eran unas notas
de bronce y cristal.
Con altos acentos
ahuyentando el mal
O Gloria diciendo
con el claro metal.
¡Eran las campanas
de la Catedral!
Serán como risas
cuando ríen dos,
rebiques del Huerto
y del Niño Dios.
Arturo Capdevila
martes, 17 de mayo de 2011
ESTANCIA JESUÍTICA SANTA CATALINA
Dentro de la llamada "Provincia Jesuítica del Paraguay", creada por la Orden al establecerse en Argentina en 1585, la Compañía de Jesús realizó emprendimientos destinados a tener gran repercusión en lo misional y educativo; así fue que logró un fuerte arraigo en la sociedad indiana a través de sus grandes actividades: los colegios y las misiones, que le dieron enorme ascendiente y prestigio entre los blancos y los indios. En 1608, la Companía creó en Córdoba un noviciado destinado a preparar a sus misioneros y suplir con ellos el déficit de religiosos provenientes de Europa. Dos años después se fundó el Colegio Máximo, punto de partida de la primera universidad argentina. Cada colegio aseguró su propia subsistencia económica con rentas y propiedades: haciendas, tierras de labor, molinos, ingenios, ganados. Así va adquiriendo una influencia extraordinaria sobre los ricos españoles y criollos, cuyos hijos se educaban en sus colegios y escuelas.
A mitad del siglo XVII, los jesuitas ya tenían la posesión de las que luego serían sus mejores estancias: Jesús María, Santa Catalina y Alta Gracia. En cada estancia se debió detectar las actividades más adecuadas en función de las tierras; se debieron construir cascos, dependencias, talleres, depósitos, viviendas para indios y esclavos y realizar obras de infraestructura tales como tajamares, acequias y canales.
Santa Catalina es la más grande de todas las estancias jesuíticas. Fue fundada en 1622. y se encuentra a 70 kilómetros de la capital de Córdoba, unos 20 km al noroeste de Jesús María
En lo que respecta específicamente a esta estancia, las tierras donde fue levantada habían sido otorgadas en merced, en 1584, a Don Miguel de Ardiles, que había acompañado a Don Jerónimo Luis de Cabrera en la fundación de Córdoba. Cuando Ardiles muere lo hereda su hijo, Miguel de Ardiles el Mozo, quien vende las tierras al herrero Luis Frassón, también miembro de la expedición de Cabrera. El 1º de agosto de 1622, Frassón vende todas las tierras a la Compañía de Jesús y así comenzaron las obras para establecer la estancia y el noviciado.
En las antiguas tierras de Calabalumba la Vieja, la Compañía de Jesús compra en cuatro mil quinientos pesos la Estancia de Santa Catalina que, por ese entonces, comprendía algunas precarias construcciones y muchas cabezas de ganado. Debido a la gran insuficiencia de agua, la primera gran obra de los jesuitas fue de ingeniería hidráulica: un conjunto de conductos subterráneos por el cual el agua llegaba a la finca desde Ongamira, a varios kilómetros de distancia en las sierras, y era almacenada en un gran tajamar. Así, Santa Catalina se convirtió en el gran centro de producción pecuaria con miles de cabezas de ganado vacuno, ovino y mular, además del obraje con sus telares y aparejos, la herrería, la carpintería, el batán (bastidor oscilante de telar) y dos molinos.
Pero más allá del gran emprendimiento productivo, Santa Catalina es conocida por su iglesia, ejemplo del barroco colonial en Argentina, visiblemente influenciado por la arquitectura centroeuropea del mismo estilo.
No se conocen fechas ciertas sobre la construcción de la Iglesia y Casa, pero sin duda debió realizarse en diferentes épocas y a lo largo de más de cien años, como lo prueba la placa de piedra de sapo que está colocada en la portada de la casa y que lleva la fecha de 1726. También fueron numerosos los arquitectos que trabajaron en la construcción, de ellos la historia ha retenido los nombres de los hermanos de la Orden, Blanqui y Prímoli, también constructores de la Catedral de Córdoba, y de Antonio Harls
Más de un siglo después de adquirir la estancia en 1754, los misioneros jesuitas terminaron de erigir la iglesia. Su imponente fachada, flanqueada por dos torres y un portal en curva, es de líneas y ornatos gráciles, con pilastras y frontones curvos.
En su interior fascina la armonía de las proporciones: una sola nave en cruz latina que culmina en la cúpula circular con ventanas en la bóveda, el gran retablo del altar mayor tallado en madera y dorado, en el que se destaca un lienzo representativo de la santa patrona de la estancia, una imagen de vestir del Señor de la Humildad y la Paciencia y la talla policromada de un Cristo crucificado.
A la monumental iglesia se le fueron sumando las demás construcciones del predio al estilo del Medioevo, claustros cercando patios, galerías con bóvedas de cañón, talleres, caballerizas, depósitos, huertas y rancherías.
Cuando fue sorprendida por la expulsión de la Orden -decretada por Carlos III en 1767- la estancia se encontraba en pleno auge y funcionamiento. Encargóse de su administración la Junta de Temporalidades, hasta que en octubre de 1774 fue vendida a Don Francisco Antonio Díaz, Alcalde Ordinario de primer voto de la ciudad de Córdoba.
Don Francisco Antonio Díaz adquirió la estancia Santa Catalina en una subasta promovida por la Junta de Temporalidades, permaneciendo en manos de cuatro ramas de familiares descendientes hasta la actualidad.
Si bien en 1941 fue declarada Museo Histórico Nacional y Patrimonio Cultural de la Humanidad en 2000, para internarse en los solariegos patios y recorrer la estancia hay que pedir permiso, ya que cerca de 60 habitaciones son ocupadas por sus dueños, que mantienen con celoso orgullo la tradición.
En lo que antes era la ranchería de indígenas y esclavos, hoy se erige una pulpería campestre, donde se puede comer rodeado de artesanías y antigüedades.
INFORMACIÓN DE LA WEB
ESTANCIA JESUÍTICA DE JESÚS MARÍA
Así premiaron a don Juan Nieto por sus servicios a las huestes colonizadoras de Jerónimo Cabrera: con las tierras de Alta Gracia que, por entonces, sólo concentraban un par de ranchos y cultivos realizados por los aborígenes de su encomienda. Ni se imaginaba que el heredero de esa precaria finca, don Alonso Nieto de Herrera, al ingresar a la Compañía de Jesús por el 1643, la donaría a la Orden. Y mucho menos que de la mano de los jesuitas se desarrollaría semejante emprendimiento productivo, dedicado a la rama textil, ganadera y agropecuaria y en especial al comercio de mulas.
Ubicada a 36 km al sudoeste de la ciudad de Córdoba, la Estancia de Alta Gracia por el año 1659 había dejado atrás la originaria construcción de adobe y se había transformado en una mole de cal y piedra, desafiando con su estilo barroco la arquitectura de la época. Estaba conformada por la residencia, el obraje destinado principalmente a la producción textil, la carpintería y los hornos, la ranchería y sus sesenta cuartos para trabajadores, el tajamar, un dique artificial utilizado para el riego de los cultivos y la iglesia.
Diseñada por el genio de Andrés Blanqui, arquitecto de la Orden y responsable de la mayoría de las obras coloniales más prestigiosas de la Argentina, el santuario es una verdadera joya del barroco colonial que corona el ala sur del complejo. Única en el país por su fachada sin torres, posee un perfil de curvas interrumpidas y pilastras apareadas que rememoran el barroco italiano tardío. En su interior exquisitamente ornamentado, se destacan el retablo del altar mayor con sus columnas salomónicas y el púlpito tallado en madera, debajo de la bóveda.
En 1810, luego de la expulsión y de sucesivos propietarios particulares, toma posesión de la Estancia don Santiago de Liniers, antiguo Virrey del Río de la Plata, que vivió por escasos cinco meses hasta su trágico final. Diez años más tarde, don Juan Manuel Solares compró y loteó las tierras de las inmediaciones de la estancia, dando origen a la incipiente ciudad de Alta Gracia.
Si bien en 1941 fue declarada Monumento Histórico Nacional, la residencia fue ocupada por los herederos de Solares hasta el año 1968. Recién en 1971 se iniciaron las tareas de restauración que permitieron inaugurarla como Museo Nacional Casa del Virrey Liniers, en pleno corazón del valle de Paravachasca, entre las últimas estribaciones de las sierras chicas.
Traspasar el pórtico e ingresar al Patio de Honor acompañados por el aroma de los naranjos, jazmines y duraznillos, nos invita al recorrido: la cúpula que sostiene las tres campanas, un reloj de sol con su sombra proyectada y un apacible silencio que nos transporta en el tiempo.
Las salas del museo reflejan fielmente los ambientes de la vida colonial: las cujas de algarrobo, petacas de viaje hechas en cuero crudo, la rueca de hilar lana, el brasero. Todo dispuesto como entonces. De igual modo, la sala dedicada a Liniers con muebles que pertenecieron a su familia: el juego de comedor, una cornucopia bañada en plata, la mesa de cedro tallada y un óleo del Virrey.
Hoy en día, la Estancia de Alta Gracia es seguramente la de mayor actividad. Su integridad original se vio modificada por la trama urbana de la misma ciudad: el museo funciona en lo que antiguamente era la residencia; el templo es en la actualidad la iglesia parroquial; el obraje pasó a ser una escuela secundaria, el tajamar, un centro de recreación y paseo; y sobre las tierras de producción se construyeron diversos barrios.
Por esta razón, remontar el pasado de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia significa conocer los orígenes de la misma ciudad, hoy convertida en un pujante centro urbano.
INFORMACIÓN: www.welcomeargentina.com
lunes, 28 de febrero de 2011
ESTANCIA JESUÍTICA CAROYA
La Estancia Caroya fue el primer establecimiento rural organizado por la Compañía de Jesús en 1616. Ubicada en el límite oeste de la localidad de Colonia Caroya, 44 km al norte de la ciudad de Córdoba se enclava este enorme caserón colonial rodeado de arboledas y vides bajo el cordón de las sierras chicas.
Por el año 1661 fue vendida al fundador del Colegio Monserrat, el Presbítero Ignacio Duarte Quirós, quien logró transformarla en una pródiga tierra con producción de maíz y trigo, frutas, vino, miel y algarrobo. En 1867, Duarte la donó al Colegio para que fuera utilizada como solar veraniego de sus estudiantes. Y así pasaron sus merecidas vacaciones alumnos como Juan José Paso, Nicolás Avellaneda y los hijos del Virrey Liniers.
Entre los años 1814 y 1816, las guerras independentistas hacen que Caroya se convierta en la primera fábrica de armas blancas del país, abastecedora de las puntas de bayoneta para el Ejército del Norte.
En el año 1854 pasa a manos del gobierno nacional que en 1876 dispone, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, albergar a inmigrantes italianos provenientes de Friuli. En 1878, los nuevos colonos ya instalados en los cuartos de la estancia comienzan a organizar el poblado en las inmediaciones cercanas al casco.
Toda la residencia está organizada en torno a un amplio patio central que detenta en su ingreso dos enormes palmeras, seguidas de un frondoso jardín en el que se respira el aroma de los olmos, naranjos y palmos.
Junto a la capilla, el perchel, el tajamar, los restos del molino y las acequias, además del área dedicada a la quinta, constituye un destacado ejemplo de arquitectura residencial en el medio rural. Su estructura edilicia muestra rasgos arquitectónicos propios de los siglos XVII, XVIII y XIX, marcados por las distintas etapas de utilización de la casa.
Por esta razón, el museo pluritemático y el centro de interpretación que funciona en la estancia bajo la Dirección del Patrimonio Cultural de la Provincia de Córdoba, cobran singular importancia.
En las diez habitaciones que conforman el claustro, los objetos y muebles testimonian las diversas épocas. Arcones de madera, sillones fraileros, pinturas cuzqueñas y la talla de madera policromada de San Ramón Nonato fueron fieles testigos de los días de descanso que pasaban los alumnos del Monserrat.
La capilla, que data del siglo XVII, con sus paredes de piedra y sólo una imagen en el altar de la Virgen de Monserrat, invitan al recogimiento.
Los amantes de las armas pueden recorrer los salones y la galería donde se exhiben ejemplares de guerra como carabinas Remington 1879 y Charleville 1850, tercerola Smith 1857, además de sables y espadas de la época revolucionaria.
El paso de los friulanos por la casa quedó reflejado en sus juegos de dormitorios, baúles de viaje, ruecas para hilar y otros artefactos domésticos. También un enorme tonel con prensa para las uvas, fiel expresión de los frutos de Caroya, donde todavía los descendientes de esos inmigrantes producen el famoso vino frambua.
Tras años de historia, Caroya resguarda en sus silenciosos y apacibles rincones el espíritu de las estancias jesuíticas.
INFORMACIÓN: DE LA WEB
Posteo el video que hice con fotos tomadas en una visita que hice a la estancia recientemente
Por el año 1661 fue vendida al fundador del Colegio Monserrat, el Presbítero Ignacio Duarte Quirós, quien logró transformarla en una pródiga tierra con producción de maíz y trigo, frutas, vino, miel y algarrobo. En 1867, Duarte la donó al Colegio para que fuera utilizada como solar veraniego de sus estudiantes. Y así pasaron sus merecidas vacaciones alumnos como Juan José Paso, Nicolás Avellaneda y los hijos del Virrey Liniers.
Entre los años 1814 y 1816, las guerras independentistas hacen que Caroya se convierta en la primera fábrica de armas blancas del país, abastecedora de las puntas de bayoneta para el Ejército del Norte.
En el año 1854 pasa a manos del gobierno nacional que en 1876 dispone, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, albergar a inmigrantes italianos provenientes de Friuli. En 1878, los nuevos colonos ya instalados en los cuartos de la estancia comienzan a organizar el poblado en las inmediaciones cercanas al casco.
Toda la residencia está organizada en torno a un amplio patio central que detenta en su ingreso dos enormes palmeras, seguidas de un frondoso jardín en el que se respira el aroma de los olmos, naranjos y palmos.
Junto a la capilla, el perchel, el tajamar, los restos del molino y las acequias, además del área dedicada a la quinta, constituye un destacado ejemplo de arquitectura residencial en el medio rural. Su estructura edilicia muestra rasgos arquitectónicos propios de los siglos XVII, XVIII y XIX, marcados por las distintas etapas de utilización de la casa.
Por esta razón, el museo pluritemático y el centro de interpretación que funciona en la estancia bajo la Dirección del Patrimonio Cultural de la Provincia de Córdoba, cobran singular importancia.
En las diez habitaciones que conforman el claustro, los objetos y muebles testimonian las diversas épocas. Arcones de madera, sillones fraileros, pinturas cuzqueñas y la talla de madera policromada de San Ramón Nonato fueron fieles testigos de los días de descanso que pasaban los alumnos del Monserrat.
La capilla, que data del siglo XVII, con sus paredes de piedra y sólo una imagen en el altar de la Virgen de Monserrat, invitan al recogimiento.
Los amantes de las armas pueden recorrer los salones y la galería donde se exhiben ejemplares de guerra como carabinas Remington 1879 y Charleville 1850, tercerola Smith 1857, además de sables y espadas de la época revolucionaria.
El paso de los friulanos por la casa quedó reflejado en sus juegos de dormitorios, baúles de viaje, ruecas para hilar y otros artefactos domésticos. También un enorme tonel con prensa para las uvas, fiel expresión de los frutos de Caroya, donde todavía los descendientes de esos inmigrantes producen el famoso vino frambua.
Tras años de historia, Caroya resguarda en sus silenciosos y apacibles rincones el espíritu de las estancias jesuíticas.
INFORMACIÓN: DE LA WEB
Posteo el video que hice con fotos tomadas en una visita que hice a la estancia recientemente
ESTANCIA JESUÍTICA DE JESÚS MARÍA
La Estancia de Jesús María se encuentra a 50 kilómetros de la ciudad de Córdoba, cuatro kilómetros más al norte de la Estancia de La Caroya. Su ubicación no es fortuita: por allí pasaba el camino real hacia la capital del Virreinato.
En 1618, los jesuitas adquirieron por ocho mil pesos, las 20 mil cepas de viñas, el molino, 250 vacas, 25 bueyes y 30 cerdos de la Chacra de Guanusacate, nombre con el que designaban a esas tierras los indígenas sanavirones.
En 1620, rebautizada con su actual nombre cristiano, este segundo emprendimiento productivo de la Compañía de Jesús concentraba a los aborígenes que eran asalariados y a cerca de trescientos esclavos, comprados en el puerto de Buenos Aires, que llevaban la mayor carga de trabajo. Como era de esperar, en la finca no sólo se hablaba el latín, el español y el italiano, sino también las lenguas aborígenes y africanas. Mitad monasterio y mitad factoría, los ranchos destinados a los indios y a los esclavos, fueron cambiando por las construcciones de ladrillo, piedra y teja, características de la Orden. El patio central cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, las amplias galerías, los arcos de medio punto, cierran el estilo propio de la Compañía. Han desaparecido las construcciones destinadas a las habitaciones de indios y esclavos, así como los campos de cultivo y pastoreo.
La iglesia, de fachada sobria y nave única abovedada, posee un exterior sobrio, destacándose su importante cúpula central, ricamente ornamentada con bellos relieves en su interior que denotan las manos de los artistas aborígenes. Junto a la sacristía, la elegante espadaña de piedra completa la arquitectura de la finca.
Construida alrededor de un patio central cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, es notable la arquitectura de sus arcos superpuestos.
La producción vitivinícola de la Estancia de Jesús María alcanzó tal grado de calidad y desarrollo, que su fama trascendió las fronteras y se prolonga hasta nuestros días.
El lagrimilla, exquisito vino elaborado a partir del mosto de 48 mil cepas cultivadas, poseía un sabor tan singular que lo llevó a convertirse en el primer vino americano degustado en la mesa real de Felipe V en Madrid .
Luego de la expulsión de la Orden, la Estancia de Jesús María pasó a manos privadas hasta que en 1941 fue adquirida por el gobierno nacional y declarada monumento histórico. La estancia de la orden de los jesuitas fue convertida en museo en 1946.
En la planta baja de la estancia, lugar donde se elaboraba el famoso vino, hoy se encuentra una profusa colección de piezas arqueológicas de la zona. Un recorrido por las salas muestra imágenes religiosas, crucifijos, litografías, monedas y medallas, hasta llegar al tesoro jesuítico de Jesús María: la Inmaculada de madera, el Cristo de la Paciencia, los querubines legados por los guaraníes y otras tallas de impactante contextura americana.
En el año 2000 la UNESCO la declara Patrimonio Histórico de la Humanidad, junto a la Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba y las Estancias de Santa Catalina, Caroya, Alta Gracia, La Candelaria y San Ignacio.
INFORMACIÓN: de la web
Posteo el video que hice con fotos que tomamos en una reciente visita a la estancia
En 1618, los jesuitas adquirieron por ocho mil pesos, las 20 mil cepas de viñas, el molino, 250 vacas, 25 bueyes y 30 cerdos de la Chacra de Guanusacate, nombre con el que designaban a esas tierras los indígenas sanavirones.
En 1620, rebautizada con su actual nombre cristiano, este segundo emprendimiento productivo de la Compañía de Jesús concentraba a los aborígenes que eran asalariados y a cerca de trescientos esclavos, comprados en el puerto de Buenos Aires, que llevaban la mayor carga de trabajo. Como era de esperar, en la finca no sólo se hablaba el latín, el español y el italiano, sino también las lenguas aborígenes y africanas. Mitad monasterio y mitad factoría, los ranchos destinados a los indios y a los esclavos, fueron cambiando por las construcciones de ladrillo, piedra y teja, características de la Orden. El patio central cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, las amplias galerías, los arcos de medio punto, cierran el estilo propio de la Compañía. Han desaparecido las construcciones destinadas a las habitaciones de indios y esclavos, así como los campos de cultivo y pastoreo.
La iglesia, de fachada sobria y nave única abovedada, posee un exterior sobrio, destacándose su importante cúpula central, ricamente ornamentada con bellos relieves en su interior que denotan las manos de los artistas aborígenes. Junto a la sacristía, la elegante espadaña de piedra completa la arquitectura de la finca.
Construida alrededor de un patio central cerrado en dos costados por un claustro de dos niveles, es notable la arquitectura de sus arcos superpuestos.
La producción vitivinícola de la Estancia de Jesús María alcanzó tal grado de calidad y desarrollo, que su fama trascendió las fronteras y se prolonga hasta nuestros días.
El lagrimilla, exquisito vino elaborado a partir del mosto de 48 mil cepas cultivadas, poseía un sabor tan singular que lo llevó a convertirse en el primer vino americano degustado en la mesa real de Felipe V en Madrid .
Luego de la expulsión de la Orden, la Estancia de Jesús María pasó a manos privadas hasta que en 1941 fue adquirida por el gobierno nacional y declarada monumento histórico. La estancia de la orden de los jesuitas fue convertida en museo en 1946.
En la planta baja de la estancia, lugar donde se elaboraba el famoso vino, hoy se encuentra una profusa colección de piezas arqueológicas de la zona. Un recorrido por las salas muestra imágenes religiosas, crucifijos, litografías, monedas y medallas, hasta llegar al tesoro jesuítico de Jesús María: la Inmaculada de madera, el Cristo de la Paciencia, los querubines legados por los guaraníes y otras tallas de impactante contextura americana.
En el año 2000 la UNESCO la declara Patrimonio Histórico de la Humanidad, junto a la Manzana Jesuítica de la ciudad de Córdoba y las Estancias de Santa Catalina, Caroya, Alta Gracia, La Candelaria y San Ignacio.
INFORMACIÓN: de la web
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CRIPTA JESUÍTICA DEL NOVICIADO VIEJO
El Noviciado Jesuítico fue fundado en Córdoba en 1608. En un principio los jóvenes novicios tenían su sede en la Manzana Jesuítica y al quedar reducido dicho espacio, el Padre General de la Orden sugirió desde Roma que se construyera una casa con más habitaciones para los jóvenes menores de 16 años. Por cuestiones económicas, la obra se postergó, fue así que recién en el año 1700 los hermanos Ignacio y Francisco Mujica, ingresados a la Orden, donaron su propiedad para ubicar el Noviciado. La casa fue trasformada y reacondicionada como sede del noviciado de los padres jesuitas, quienes la ocuparon entre 1700 y 1713. Antes de ser ocupada se hicieron grandes reformas. Las obras de adaptación de la casa de los Mujica se le atribuye al jesuita arquitecto Johann Krauss (1659-1714), quien para convertirla en noviciado comenzó a construir una capilla dedicada a San Ignacio de Loyola que aparentemente, por su escala, pasó a ser considerada iglesia de grandes proporciones.
Cuando se entera el austero Padre General Miguel A. Tamburini de estas obras, ordenó desde Roma suspenderlas y reconsiderar el traslado de los novicios a la manzana jesuítica. La obra quedó a medio concluir.
Francisco Mujica permaneció allí hasta su muerte, que ocurrió poco tiempo después. Con la construcción suspendida el complejo de la Cripta fue destinado a casa de ejercicios espirituales para varones, dependiente del Colegio Jesuítico. Aunque ya venía funcionando como tal hacía un tiempo, recién en 1726 el Padre General declara oficialmente el nuevo destino de la propiedad. Dos años antes se había tapiado la puerta que baja a la capilla. El edificio comenzó a deteriorarse y en 1767 después de la expulsión de los hijos de San Ignacio, el arquitecto Joaquín Martín hizo un detallado inventario del inmueble, sin embargo no se sabía para qué se construyó ni tampoco qué había funcionado ahí. Con la expulsión de los jesuitas de América, la deteriorada construcción pasó a mano de la orden de los padres Betlemitas quienes tenían a su cargo el cuidado y la atención del hospital San Roque en ese momento en construcción.
En el año 1820 una epidemia de cólera azotó la ciudad y el antiguo oratorio fue dispuesto como cripta de enterramiento para los cuerpos que habían sufrido la enfermedad.
Una vez concluida la obra del Hospital San Roque, los Betlemitas vendieron la propiedad de los Mujica en parcelas diferenciadas. La Cripta pasó a manos de Don José Agustín Ferreira, quien junto con sus sucesores le dieron usos diferentes.
Cuando en 1928 el intendente Emilio Olmos decidió ensanchar la calle Colón, aparecieron en la superficie de la acera las bóvedas de la antigua cripta, que fueron demolidas y rellenadas con escombros.
La Cripta Jesuítica retornó a la luz en 1989 circunstancialmente. Fue redescubierta por obreros que realizaban el zanjeo para el tendido subterráneo de cables telefónicos, fue entonces cuando se decidió su recuperación arqueológica y arquitectónica.
En la actualidad, la Cripta es utilizada como espacio para muestras artísticas, conferencias y representaciones teatrales.
INFORMACIÓN: de la web
Posteo el video que hice con fotos que tomamos recientemente
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martes, 19 de enero de 2010
HOTEL EDÉN - LA FALDA - CÓRDOBA
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Uno de los iconos más importante de la ciudad es el Edén Hotel, de estilo arquitectónico ecléctico, con torres francesas y ornamentación alemana. Inaugurado en 1899, tenía en aquellas épocas de grandeza: 100 dormitorios, 38 baños, comedor auxiliar para niños y personal capacitado; un gran salón de fiestas, sala hall de lectura con escritorio, jardín de invierno, salón – bar, dos amplias terrazas, galería cubierta y anfiteatro (teatrino). Excepto los vinos y licores, absolutamente todo se hacía en el hotel.
Está ubicado al final de la Av. Edén (1400), luego de la fuente que corona a esta arteria.
Historia
En 1891 un viajero, Roberto Bahlke, recorre la zona a caballo y queda encantado con el lugar y decide comprar las tierras para levantar un gran hotel. En 1892, con el apoyo económico del grupo Torquinst, adquiere 1250 hectáreas de lo que hoy es La Falda, más los cerros aledaños; comenzando la gran obra en 1895, el establecimiento se llamó Edén Hotel. Su primera parte estuvo concluida en 1898. Al final del año siguiente quedó inaugurado contando con todas las comodidades y el confort imaginables para la época. Dicho emprendimiento fue vital como ente iniciador del turismo y como elemento desencadenante de la urbanización y comercialización de La Falda.

En 1904 el consorcio Torquinst vende las mil hectáreas, más todo lo construido, a María Krautner, quien lo explota hasta 1912. En ese año lo compran los hermanos alemanes Walter y Bruno Eichhorn, quienes perfeccionan las instalaciones y agregan nuevos servicios. En 1913 para generar ingresos, se venden los primeros terrenos a Emilio Wenwe.
En los años previos a la Segunda Guerra Mundial funciona en el hotel un Ateneo Alemán. En 1939, apenas iniciada la guerra, la tripulación del acorazado Graf Spee, hundido en el río de la Plata, es confinada al Edén Hotel, el cual cierra sus puertas al final de la guerra.
En 1945 el gobierno argentino incauta el hotel y lo utiliza para confinar a diplomáticos japoneses y sus familias durante dos años. Es por ese entonces cuando se derriba el águila emblemática que adornaba el frontis de la fachada principal.
En 1948 el gobierno devuelve el hotel a sus dueños, quienes lo venden a la firma integrada por Emilio Karstulovich, Constantino Kamburis y Arturo Ascher Kutcher. Con el tiempo, al no levantarse una importante deuda contraída, la firma Franco – Argentina remata el Edén el 7 de Mayo de 1953. Lo adquiere la firma CIFA (excepto el golf que lo compró Joaquín Murillo por un millón setecientos veinte mil pesos).
El 2 de julio de 1964 toma posesión María Teresa Carbone de Autilio, a nombre de la sociedad anónima Hoteles y Parques Edén en formación cuyo representante y apoderado es Armando Balbín. Ya en la década del ’60 comienza su declinación de la que se intenta reponerlo. Fue cerrado y desmantelado. Con el correr del tiempo fue víctima de constantes saqueos que lo dejaron en un estado prácticamente calamitoso .
En 1970 las fuerzas vivas inician gestiones para traer un casino e instalarlo en este establecimiento, pero el mismo es otorgado a La Cumbre en 1971.En 1982 la firma Figo explotó el hotel, pero sólo por ese año. En realidad, tal como se apuntó antes, desde 1965 el hotel vino deteriorándose y siendo saqueado indiscriminadamente. Su parque fue invadido por malezas.
El 8 de agosto de 1988 fue declarado Monumento Histórico Municipal por el Concejo Deliberante de la Municipalidad de La Falda. Luego fue reconocido como Monumento Histórico Provincial y actualmente prosiguen las gestiones para darle a la construcción tal carácter en el orden nacional. De estilo arquitectónico ecléctico, con torres francesas y ornamentación alemana, el Edén fue todo un símbolo, no sólo de la zona sino también del país. Prueba de ello es que la correspondencia llegaba con poner únicamente Edén Hotel La Falda. Sierras de Córdoba.
De su período fundacional, debe recordarse que, el primer presidente de la Sociedad Anónima El Edén y administrador general del hotel fue Juan Kurth, ex – cónsul suizo propietario a la vez de la Estancia La Berna en Huerta Grande. Durante su gestión, el establecimiento atrajo a un selecto grupo de personas, lo cual quedaba reflejado en las pomposas cenas de etiqueta y bailes con orquestas que allí se escenificaban.
A partir de la incorporación de la austriaca María Krautner, en la conducción de la empresa, a la característica antes apuntada se incorporará la propuesta entre otros atractivos, del desarrollo de cabalgatas con destinos a la Pampa de Olaen y Vaquerías, con expertos vaquéanos.

Luego bajo la orientación de los hermanos Eichhorn, entre 1912 y 1945, el Edén vivirá su época de mayor esplendor. Para ese tiempo la capacidad era de doscientos cincuenta pasajeros. Tenía cien dormitorios, treinta y ocho baños, comedor auxiliar para niños y personal, un gran salón de fiestas, sala hall de lectura y escritorio, jardín de invierno, salón – bar, dos amplias terrazas, galería cubierta y anfiteatro.
Excepto los vinos y licores, todo se hacía en el hotel. Poseía una huerta, criadero de animales, y fábrica de embutidos conservas y hielo. Tenía además, banco y taller mecánico propios, cabina para correos y telégrafo, usina eléctrica y una orquesta estable.
El amplio jardín fue ornamentado con cincuenta especies traídas de Europa.
En cuanto a deportes, contaba con una cancha de golf de 18 hoyos donde se realizaban torneos internacionales. También tenía canchas de tenis de polvo de ladrillo iluminadas; además de una cancha de croquet y pileta de natación. Así mismo eran tradicionales las cacerías del zorro.
El mantenimiento era realizado por 125 personas. El hotel contaba para ello con taller de herrería, sala de secado y esterilizado a vapor y hasta una flotilla de taxis propia.
También entre su personal se contaban unos 10 mozos, que atendían un promedio de ochocientos comensales. Los pasajeros del hotel contaban con la seguridad de la policía privada del establecimiento.
Entre otros factores que contribuyeron al engrandecimiento del Edén, se contaron la construcción del camino Río Ceballos – La Falda, a través de las Sierras Chicas (luego denominado Camino al Cuadrado), obra que contó con apoyo financiero de la propia Sociedad Edén para la construcción de parte de sus tramos (1924 -26), y la posterior pavimentación de la ruta Buenos Aires –Córdoba.
Se alojaron en él, entre otras personalidades, el poeta nicaragüense Rubén Darío, El Príncipe de Gales, el Duque de Saboya, Albert Einstein, el Marqués de Magaz, los presidentes argentinos Julio Argentino Roca, José Figueroa Alcorta, otros representantes de la nobleza europea e integrantes de distinguidas familias de la sociedad argentina. Por ejemplo entre 1920 y 1027, estuvieron los Anchorena, Aleman, Bunge, Blaquier, Ortiz, Basualdo, Belgrano, Cornejo, Casaux, Demaría, Deheza, Ezcurra Elizalde, Escalante, Lavalle, Montes de Oca, Torquins, entre otros también estuvieron Luís Sandrini, Berta Singermann, el cuerpo de baile del Follies Bergére de París.
Actualidad - Edén Hotel, la reconstrucción del Titanic
Dicho Hotel, fue declarado Monumento Histórico Cultural. Desde entonces se ha tratado de preservarlo de la mejor manera, por ello la Municipalidad de La Falda ha concesionado el establecimiento a empresarios locales, quienes (bajo estricto control de Patrimonio de la Pcia. ), están recuperando su estructura, lugares característicos como el Salón Principal de Fiestas y el Salón Comedor: “Salón Imperial” uno de los más importantes de la zona por su equipamiento de luces y sonido de última generación.Se ha trabajado con mucha cautela sobre los techos, instalaciones eléctricas, cañerías, sanitarios, pisos, aberturas… con la premisa fundamental de mantener intacta la fachada del Hotel.
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Éstas son algunas de las obras finalizadas dentro de un proyecto que ampara un crecimiento más importante del predio. En éstos salones se realizan fiestas privadas como: casamientos, cumpleaños, agasajos, etc.
Permanentemente se acentúa el trabajo en el re-acondicionamiento general de su fachada, parques, jardines, techos, aberturas y la habitación presidencial (la más importante del Edén).
En el Hotel se efectúan visitas guiadas diurnas y nocturnas los días lunes, miércoles y jueves desde las 22:00 y 00:00 hs; llevadas adelante por profesionales que van relatando a los visitantes el nacimiento de la ciudad, la historia. En sus instalaciones además, como agregado cultural, un museo de trenes en miniatura “TRENSHOW” y una cava de 1898 con degustaciones de quesos, salame de la colonia, vinos, alfajores regionales y cuenta con una tienda de regalos artesanales y recuerdos del lugar.
Artistas como: Cacho Buenaventura, Mercedes Sosa, Estela Raval y los Cinco Latinos, Carlitos Bala, Patricia Sosa, Valeria Lynch, Roberto Piazza, Edén Tango Club, Piñón Fijo, Katunga, son algunos de los espectáculos que hoy, el Edén brinda
FUENTE: www.lafalda.gov.ar
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Martes 10 de mayo de 2005
Vida Cotidiana
En La Falda, fantasmas nazis sobrevuelan el Edén
Un documento del FBI fechado cuatro meses después del suicidio de Hitler alertaba sobre la posibilidad de que el Führer huyera con destino al hotel de sus amigos, el Edén, en Córdoba.

Durante la guerra sus dueños -amigos de Hitler- recaudaban dinero para el nazismo.
Sesenta años después de la capitulación del Tercer Reich, firmada el 8 de mayo de 1945, el Hotel Edén de La Falda, uno de los más acabados íconos hitlerianos de Córdoba, espera una licitación milagrosa que lo salve de una vez del abandono en que se encuentra.
Ruinoso y desde hace años a punto de derrumbarse, sus viejas paredes a medio empapelar encierran el prólogo a la historia negra de los nazis llegados a la Argentina al amparo del primer gobierno peronista.
Sus propietarios durante la guerra, Walter e Ida Eichhorn, habían sido amigos personales de Adolf Hitler y algunos de sus oficiales de estado mayor, y el 17 de setiembre de 1945 el FBI norteamericano llamaría la atención sobre la pareja y su hotel: "Si el Führer tuviera en algún momento dificultades, él podría encontrar un refugio en La Falda, donde ya se han hecho los preparativos necesarios".
El documento está fechado cuatro meses y diez días después de que Hitler se suicidara en el búnker de la Cancillería, en Berlín, y forma parte de una serie en la que el FBI investigó la supuesta huida del jefe nazi hacia la Argentina, una hipótesis que resultaría disparatada.
Recaudación en las sierras
La atención de los americanos sobre el matrimonio Eichhorn había comenzado a manifestarse meses antes del fin de la guerra, cuando consiguieron recopilar información de inteligencia en Buenos Aires que los comprometía.
En pocas semanas, el FBI había descubierto que la relación entre el führer y los dueños del Hotel Edén era más que estrecha, y que los Eichhorn no sólo eran nazis confesos y activos, sino que además habían actuado como recaudadores de dinero durante la campaña de Hitler para acceder al poder.
Ya en 1935, durante un viaje a Europa de la pareja, el 15 de mayo habían sido recibidos en la Cancillería del Reich y condecorados por el jefe del partido. "Querido camarada Eichhorn", había dicho un solemne Adolf Hitler ese día. "Desde su ingreso en 1924, usted y su esposa han apoyado al movimiento nacionalsocialista con enorme espíritu de sacrificio y acertada acción, y a mí personalmente, ya que fue su ayuda económica la que me permitió -en el verdadero significado de la palabra- seguir guiando la organización".
La colaboración seguiría en los años siguientes hasta tal punto que Ida Eichhorn y su esposo, en las sierras, durante el verano de 1944, recaudarían el equivalente a 30 mil marcos de la época, que habían enviado a Berlín a nombre del ministro de Propaganda, Joseph Gobbels.
En los últimos meses de la guerra, según recuerda el historiador local Carlos Panozzo, La Falda pasaría de ser un centro de recaudación a un lugar de refugio: en el puesto policial cercano al Edén de los Eichhorn, 1.200 alemanes recién llegados iniciarían el trámite para obtener documentos argentinos, alegando que estaban radicados allí.
Un hotel muy particular
Los Eichhorn habían llegado a La Falda en 1912 y compraron el Edén a otros alemanes que habían comenzado a explotarlo a finales de siglo. A partir de entonces, se iba a convertir en un hotel de cien habitaciones y cuarenta baños; comedor para 250 personas, bodegas repletas, salones decorados con arañas de Murano y mármoles de Carrara, donde las familias más aristocráticas de la Argentina llegaban con su propio personal de servicio a pasar largas temporadas.
Según los registros de huéspedes, que aún se conservan, en el Edén se alojaban científicos como Albert Einstein, poetas como Rubén Darío, presidentes como Julio Roca y Agustín P. Justo, y príncipes como el italiano Umberto de Saboya. Las instalaciones contaban con un cine propio, frigorífico y generadores de energía, el crecimiento de La Falda se construiría a la sombra de su influencia.
Sin embargo, a partir de los años treinta el hotel iba a adquirir algunas características particulares. Viejos empleados todavía recuerdan los utensilios de cocina grabados con la cruz esvástica, y según reconstruye el historiador Panozzo, "los discursos y arengas de Hitler, en su momento de mayor auge, eran captados por una antena de onda corta levantada en el techo del Edén, y retransmitidos dentro y fuera del hotel por altoparlantes".
En uno de los salones reservados del hotel, un gran retrato de Hitler, autografiado, presidía las ceremonias privadas de los Eichhorn. Viejas fotografías de Arturo Francisco, el primer fotógrafo de La Falda, muestran el retrato rodeado de ofrendas florales, como si el salón fuera un lugar de culto.
Una carta de los Eichhorn a unos amigos alemanes, reproducida en un film documental, dice textualmente: "(...) La Falda es enteramente obra nuestra y por lo tanto tiene un fuerte tinte alemán. Obviamente, nos hemos preocupado muy bien en que el pensamiento político de toda nuestra gente sea sin excepción nacionalsocialista".
El mito de la fuga de Hitler
El documento del FBI que pone en evidencia a los Eichhorn plantea también la sospecha de que Adolf Hitler hubiese podido escapar de Berlín y refugiarse en las sierras cordobesas. Hasta hace pocos años la sospecha había dejado lugar a la leyenda, y en La Falda todavía se podían escuchar testimonios de quienes juraban haber visto al führer caminando por allí.
Uno de esos presuntos testigos era una ex empleada del hotel, Catalina Damero, quien fantaseaba con haberle llevado la comida a Hitler, "a quien los Eichhorn alojaban en una habitación reservada del hotel".
Aunque esto no fuese cierto, la historia del Edén había estado muy ligada al nazismo, y tras el fin de la guerra los vientos cambiaron brutalmente para los alemanes de La Falda. Tras el armisticio, del cual hoy se cumplen sesenta años, un grupo de militantes antinazis derrumbó el águila que coronaba el capitel del edificio, y de la noche a la mañana las casas de los Eichhorn y sus amigos aparecieron pintadas con la "V" de la victoria que habían popularizado Winston Churchill.
Uno de esos antinazis había sido Ernesto Guevara Lynch, el padre del Che, a quien muchas veces había llevado en sus correrías por las sierras para espiar a los Eichhorn.
El final del Edén
Tras la rendición de Alemania, a la que Argentina había declarado la guerra sólo unas semanas antes, el hotel le fue expropiado temporalmente a los Eichhorn, como parte de la "propiedad enemiga" que había en el país.
Sus instalaciones iban a servir, en las semanas siguientes, para la internación del embajador japonés y todo su cuerpo diplomático, quienes habían quedado prisioneros con la derrota del Eje. Permanecerían allí durante ocho meses, al cabo de los cuales el Edén entraría en una especie de cono de sombras y más tarde no se podría saber con certeza ni quiénes eran sus dueños. Una de las versiones más insistentes era que se lo había quedado Juan Duarte, el hermano de Eva Perón, que a la vez era el secretario del presidente.
Con los años, otras historias de nazis circularían por allí. Adolf Eichmann y su familia, por ejemplo, visitarían con frecuencia La Falda, y Adolfo, uno de los hijos del autor de la "Solución Final", se casaría con la hija de un ex jardinero del hotel llamado Pummer.
También un ex marino del acorazado "Graf Spee" Erich Müller formaría matrimonio con María Zárate, quien había sido camarera del Edén.
Ahora, sesenta años después del fin de la guerra, ese ícono nazi de las sierras cordobesas espera una licitación que lo salve del derrumbe. Su historia, sin embargo, sobrevivirá a cualquier contingencia: será para siempre el hotel donde el FBI sospechó que se escondería Adolf Hitler, si hubiera conseguido escapar a la Argentina.
Jorge Camarasa
Elogio de la diferencia
En su libro "El Hotel Edén de La Falda", el historiador Carlos Panozzo reproduce una carta que el 28 de enero de 1930 un grupo de alemanes de la zona envió al ministro de Obras Públicas de Córdoba. En el documento, suscripto por veinticinco habitantes de Villa Edén, la zona que rodeaba al hotel, los vecinos reclamaban que no querían integrarse a La Falda ni a su municipio. Las razones que alegaban era que sus chalets estaban mejor construidos y sus calles mejor delineadas, y que el pueblo era "una población como cualquier otra, donde sus habitantes ejercen actividades propias de toda agrupación de gente".
El mismo día, en otra carta dirigida a una tal "señora Seyppel", Walter Eichhorn le pide que apoye este movimiento separatista y culmina despidiéndose: "Esto hará bien a todos. En nombre de Dios, saludos a todos nosotros y salve al Tercer Reich".
FUENTE: www.rionegro.com.ar
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Desde su creación en 1899 impuso a la región un destino turístico. Allí se alojaron grandes personalidades tanto de la política, las ciencias y las artes del país y el mundo entero.
Quedan constancias de la presencia del Príncipe de Gales y el de Saboya, Albert Einstein, los presidentes argentinos Julio A Roca, Figueroa Alcorta, así como lo mas granado de la nobleza europea y los apellidos mas ilustres de la sociedad argentina.
El hotel Eden es el resultado de la conbinación de las sutilezas del arte finisecular con los portentos de la ciencia recien nacida del S XX.
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Una gran escalinata de mármol daba entrada a sus salones y habitaciones decoradas con la riqueza y esquisitez de aquella época. Contaba con 100 habitaciones, 38 cuartos de baño, un gran salón comedor para 250 personas, un comedor auxiliar para niños y personal, un salón de fiestas, sala de lectura, escritorio, 2 jardines de invierno, salón bar, 1 galería cubierta y 2 balcones desde los que se apreciaba el magnífico parque con su fuente de mármol con 2 leones a cada lado y los miles de árboles plantados en su predio traídos del viejo mundo, siendo hoy un reservorio forestal favorecido por su excepconal clima.
En el subsuelo funcionaba un salón de billar, juegos, toilettes, sótano, bodega y 16 habitaciones para el servicio.
Contaba con usina propia, generadora de luz y calefacción central, talleres, cocheras, quinta y corrales para el abastecimiento y procesado de todos los alimentos que ofrecían.
Poseía caballerizas que proveían los animales para las cabalgatas y cacería del zorro. Un campo de golf de 18 hoyos, una pileta de natación con aguas renovadas por una vertiente, canchas de tennis y hasta un establecimiento bancario.
Su mobiliario, vajilla, cristalería, platería, estatuas, alfombras, pianos y pinturas fueron traídos desde Europa, repondiendo a los cánones del art noveau.
Se caracterizaba por sus grandes bailes donde se vestía de rigurosa etiqueta durante todas las noches de la temporada, danzando al compás de orquestas de renombre.
Es el antecedente más importante de los hoteles autoabastecidos.
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El hotel Edén prometía a sus pasajeros en su época de esplendor, un lugar paradisíaco ideal para toda época del año, perfecto para el espíritu y la salud.
Entre 1912 y 1945 vivió su época de mayor esplendor. En nuestros días se intenta la transformación y recuperación del inmueble adaptándolo para el funcionamiento como hospedaje de nivel internacional con sala de congresos y convenciones, spa, restaurante de lujo y una planificación integral, mediante una concesión a través de un mecanismo de iniciativa privada que ya comenzó con el proceso de las reformas .
FUENTE: www.trazosdigital.com.ar
FOTOS DE LA WEB (créditos a quien corresponda)
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FOTOS DEL HOTEL EDEN EXTRAIDAS DEL EXCELENTE DVD " EDEN HOTEL" EL NACIMIENTO DE UN PUEBLO REALIZADO POR LA GENTE QUE ESTA TRABAJANDO EN EL LUGAR, EL MISMO CONTIENE UN RICO MATERIAL DE IMÀGENES DEL PASADO Y PRESENTE DEL EDEN, POR ESO NO LO VOY A SUBIR. SI VAN A LA FALDA VISITEN EL HOTEL Y COLABOREN CON LA GENTE QUE ESTA HACIENDO UN TRABAJO DE RESTAURACION DE ESE PATRIMONIO ARGENTINO. AUDIO ORIGINAL.
VIDEO: fabianrez
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VIDEO: MarieCurie83
viernes, 1 de enero de 2010
lunes, 28 de diciembre de 2009
JARDÍN FLORIDO (POR MERCEDES SALVAT)
La información sobre Jardín Florido de este artículo difiere en algunos datos de la otra. Es por eso que posteo las dos.
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De oficio, piropeador
Es difícil asegurar el origen exacto de su nacimiento y cuál era la flor que lucía en la solapa, pero muchos recuerdan haberlo visto halagando a las damas de la dulce Córdoba de mediados del siglo pasado. Y nunca falta quien lo nombre, o recuerde alguna de sus galanterías.
Jardín Florido se llamó, se llama, porque es leyenda y las leyendas no mueren. Fue el piropeador más famoso y respetuoso de los años '50 y '60 cordobeses, el dueño de frases inocentes, lisonjeras, que engalanaron las esquinas céntricas de la Córdoba de antaño, aquélla donde no existía la prisa.
El hombrecito de traje negro, galera, bastón con empuñadura de marfil y flor en el ojal -un clavel, tal vez un jazmín, o una indefinida y descolorida flor de plástico en los últimos tiempos- había nacido en Bassano de Grappa, Italia, en 1888, dicen casi todos. Pero, como ocurre con los seres legendarios, también hay quienes cuentan que, en realidad, había llegado desde un pueblito de la provincia de Santa Fe.
Cualquiera fuera su procedencia, su documento decía que su nombre era Fernando Bertapelle, algo que tanto él como los cordobeses decidieron olvidar. Es que la ciudad lo había bautizado Jardín Florido, de acuerdo con su oficio ad honorem: piropeador, decidor de exuberantes frases a cuanta dama se le cruzara por delante. En la tranquila Córdoba que pocos años después se convertiría en convulsionado centro ciudadano, Jardín Florido aplicaba el principio de igualdad. Para él no había lindas, feas, gordas, con anteojos de gruesos cristales, portadoras de falda hasta los tobillos, jóvenes sensuales o ancianas jubiladas. Todas eran mujeres, dignas de las más dedicadas y delicadas palabras.
"En el mar de sus ojos, señora, ¿quién podrá salvarme?" susurraba el personaje en la esquina de 9 de Julio y Rivera Indarte. O "Estas negras rejas se desvanecen para servir de simple fondo a la colorida belleza de sus ojos, de su cabello y de su juventud", decía el hombre, con todo el tiempo del mundo por delante. Hay quien aún recuerda un piropo especial, con fecha y todo. Fue "Adiós, hermosa legisladora del mañana" lo que se le ocurrió decir a Jardín Florido en 1952 a una dama que pasó por ahí, en homenaje al voto femenino inaugurado por esos días.
Cuentan que se ganó la vida como litógrafo, mozo de comedor en el ferrocarril Belgrano y en la confitería Richmond, encargado del aristocrático Crisol Club, valet de un gobernador, mayordomo de una estancia, procurador judicial y gestor de la inmobiliaria Villalón durante sus muchos años cordobeses. Dicen que acertó la lotería dos veces y que con ese dinero se compró el Packard -del mismo color y modelo que el de Carlos Gardel- que sería su orgullo y luego su ruina cuando, por piropear a una señorita mientras conducía, se subió a la vereda y lastimó a un grupo de jóvenes -algunos aseguran que fueron escolares-; la consecuencia fue la venta del auto para pagar las obligaciones judiciales.
"Este empedrado que pisaron soldados, próceres y sacerdotes, es digno de sostener su celestial armonía, capaz de endulzar al mismísimo hierro", decía Jardín Florido desde otra de sus esquinas favoritas, la de San Martín y 25 de Mayo, según recuerda hoy una cordobesa de 48 años que solía pasear por allí de la mano de su mamá. "La respuesta de mi madre y de las demás mujeres que lo oían piropear era una sonrisa, siempre". Lo mismo afirma su compañera de trabajo, nacida en La Docta hace sólo 28 años pero con memoria histórica: "Claro que oí hablar de Jardín Florido. También lo llamaban Ventanita Florida; mucha gente de mi familia lo conoció".
En las calles
En pleno centro y a metros de la Catedral, las rejas de la vieja Córdoba parecen haber inspirado al personaje. "¿Cómo puede la luz de su rostro y la calidez de su figura hacer tan negras, frías y rústicas a estas pobres rejas del pasado, que sólo pretendían adornar a una iglesia?" se despachaba, dejando asombrada a alguna turista desprevenida.
El nombre de Jardín Florido reluce en tres calles cordobesas: lo recuerdan una placa en Antonio del Viso 738, el sitio donde vivió; otra de cerámica en la primera cuadra de la calle San Martín, y una mayólica en 9 de Julio y Rivera Indarte, realizada por la artista Nélida Varaldi, con versos de la poeta Noemí Pedernera.
"Sólo pretendo sobrevivir. No espero nombramientos. No quiero discutir y menos oír hablar tonterías de quién soy. No poseo más que el andar de un simple hombre que espera... Pasarán los días y no me encontrarán, nada más", dicen que dijo el hombre de galera y bastón poco antes de morir, a los 80 años, en su casa del barrio de Alta Córdoba, donde vivía junto con su compañera de la última década, Eduvije Guevara. Algunos cuentan que se estaba bañando para salir a piropear. Otros, que ya se había vestido con su frac de casimir inglés. Era la fría mañana cordobesa del 9 de julio de 1968. O del 10. La vida de Jardín Florido se extinguía, y se agrandaba la leyenda del hombrecito educado y galante. También se iba apagando la calma de aquella Córdoba tranquila y siestera. Pronto, otras voces sonarían, otros pasos agitarían las calles de la ciudad "de la bella estirpe y casta doctoral" y repercutirían en todo el país.
Mercedes Salvat
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De oficio, piropeadorEs difícil asegurar el origen exacto de su nacimiento y cuál era la flor que lucía en la solapa, pero muchos recuerdan haberlo visto halagando a las damas de la dulce Córdoba de mediados del siglo pasado. Y nunca falta quien lo nombre, o recuerde alguna de sus galanterías.
Jardín Florido se llamó, se llama, porque es leyenda y las leyendas no mueren. Fue el piropeador más famoso y respetuoso de los años '50 y '60 cordobeses, el dueño de frases inocentes, lisonjeras, que engalanaron las esquinas céntricas de la Córdoba de antaño, aquélla donde no existía la prisa.
El hombrecito de traje negro, galera, bastón con empuñadura de marfil y flor en el ojal -un clavel, tal vez un jazmín, o una indefinida y descolorida flor de plástico en los últimos tiempos- había nacido en Bassano de Grappa, Italia, en 1888, dicen casi todos. Pero, como ocurre con los seres legendarios, también hay quienes cuentan que, en realidad, había llegado desde un pueblito de la provincia de Santa Fe.
Cualquiera fuera su procedencia, su documento decía que su nombre era Fernando Bertapelle, algo que tanto él como los cordobeses decidieron olvidar. Es que la ciudad lo había bautizado Jardín Florido, de acuerdo con su oficio ad honorem: piropeador, decidor de exuberantes frases a cuanta dama se le cruzara por delante. En la tranquila Córdoba que pocos años después se convertiría en convulsionado centro ciudadano, Jardín Florido aplicaba el principio de igualdad. Para él no había lindas, feas, gordas, con anteojos de gruesos cristales, portadoras de falda hasta los tobillos, jóvenes sensuales o ancianas jubiladas. Todas eran mujeres, dignas de las más dedicadas y delicadas palabras.
"En el mar de sus ojos, señora, ¿quién podrá salvarme?" susurraba el personaje en la esquina de 9 de Julio y Rivera Indarte. O "Estas negras rejas se desvanecen para servir de simple fondo a la colorida belleza de sus ojos, de su cabello y de su juventud", decía el hombre, con todo el tiempo del mundo por delante. Hay quien aún recuerda un piropo especial, con fecha y todo. Fue "Adiós, hermosa legisladora del mañana" lo que se le ocurrió decir a Jardín Florido en 1952 a una dama que pasó por ahí, en homenaje al voto femenino inaugurado por esos días.
Cuentan que se ganó la vida como litógrafo, mozo de comedor en el ferrocarril Belgrano y en la confitería Richmond, encargado del aristocrático Crisol Club, valet de un gobernador, mayordomo de una estancia, procurador judicial y gestor de la inmobiliaria Villalón durante sus muchos años cordobeses. Dicen que acertó la lotería dos veces y que con ese dinero se compró el Packard -del mismo color y modelo que el de Carlos Gardel- que sería su orgullo y luego su ruina cuando, por piropear a una señorita mientras conducía, se subió a la vereda y lastimó a un grupo de jóvenes -algunos aseguran que fueron escolares-; la consecuencia fue la venta del auto para pagar las obligaciones judiciales.
"Este empedrado que pisaron soldados, próceres y sacerdotes, es digno de sostener su celestial armonía, capaz de endulzar al mismísimo hierro", decía Jardín Florido desde otra de sus esquinas favoritas, la de San Martín y 25 de Mayo, según recuerda hoy una cordobesa de 48 años que solía pasear por allí de la mano de su mamá. "La respuesta de mi madre y de las demás mujeres que lo oían piropear era una sonrisa, siempre". Lo mismo afirma su compañera de trabajo, nacida en La Docta hace sólo 28 años pero con memoria histórica: "Claro que oí hablar de Jardín Florido. También lo llamaban Ventanita Florida; mucha gente de mi familia lo conoció".
En las calles
En pleno centro y a metros de la Catedral, las rejas de la vieja Córdoba parecen haber inspirado al personaje. "¿Cómo puede la luz de su rostro y la calidez de su figura hacer tan negras, frías y rústicas a estas pobres rejas del pasado, que sólo pretendían adornar a una iglesia?" se despachaba, dejando asombrada a alguna turista desprevenida.
El nombre de Jardín Florido reluce en tres calles cordobesas: lo recuerdan una placa en Antonio del Viso 738, el sitio donde vivió; otra de cerámica en la primera cuadra de la calle San Martín, y una mayólica en 9 de Julio y Rivera Indarte, realizada por la artista Nélida Varaldi, con versos de la poeta Noemí Pedernera.
"Sólo pretendo sobrevivir. No espero nombramientos. No quiero discutir y menos oír hablar tonterías de quién soy. No poseo más que el andar de un simple hombre que espera... Pasarán los días y no me encontrarán, nada más", dicen que dijo el hombre de galera y bastón poco antes de morir, a los 80 años, en su casa del barrio de Alta Córdoba, donde vivía junto con su compañera de la última década, Eduvije Guevara. Algunos cuentan que se estaba bañando para salir a piropear. Otros, que ya se había vestido con su frac de casimir inglés. Era la fría mañana cordobesa del 9 de julio de 1968. O del 10. La vida de Jardín Florido se extinguía, y se agrandaba la leyenda del hombrecito educado y galante. También se iba apagando la calma de aquella Córdoba tranquila y siestera. Pronto, otras voces sonarían, otros pasos agitarían las calles de la ciudad "de la bella estirpe y casta doctoral" y repercutirían en todo el país.
Mercedes Salvat
FOTO: José Luis Raota
FUENTE: www.cardon.com.ar
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JARDÍN FLORIDO
Esto no es una historia, le faltarían años, ni siquiera una crónica y menos una anécdota. Es simplemente un recuerdo de nuestra Córdoba, que se nos fue ayer nomás.Se llamaba Fernando Albiero Bertapelle y había venido de un pueblito de la provincia vecina de Santa Fe, y no de Italia como muchos creyeron.
Antes de hacerse famoso por su vestimenta y por sus flores, empezó a trabajar en el viejo bar y confitería “Richmond”, allá por la calle Buenos Aires frente a la plaza San Martín. No importa saber de qué, sólo diremos que fue desde 1931 a 1933. En el año 1936, merced a un a recomendación de un famoso abogado penalista, que tenía su estudio jurídico justamente con otro no menos conocido, por la calle Rivera Indarte al 500, entró a trabajar en un club aristocrático y su figura empezó a visualizarse por las calles de la ciudad vestido de etiqueta, con un pequeño ramito de flores en su solapa y un lustroso bastón cuya empuñadura era una bola de billar legitima de marfil, adminículo que le ocasionaría varios inconvenientes en su pintoresca vida, cuando se le salía del madero.
Más tarde lo individualizaron con mayor nitidez, porque agrega a su atuendo "un florido lenguaje", cuando se dirigía en especial a las damas de "la docta", y su nombre de pila se pierde definitivamente, hasta para sus propios allegados, porque es la ciudad de Córdoba, quien lo bautiza por siempre, con los apodos de “Ventanita Florida” (por culpa de una nota de Dn. Azor Grimaut) y por el apelativo de “Jardín Florido”, que finalmente le quedará hasta su desaparición. Al correr el tiempo “Jardín Florido” se adueña de las arterias de la ciudad que le dio su nombre. Ocurre que ambos se complementaban.
La ciudad, porque evidentemente protege al personaje que ha engendrado y “el hombrecito elegante y piropeador” sabedor de ello, agradecido le irá perfumando las calles de piropos. Posteriormente “Jardín Florido” entra a trabajar en una inmobiliaria (Villalón), en la calle 25 de Mayo al 200, al lado del Hotel Victoria, donde realiza excelentes negocios, que le permiten adquirir su conocido automóvil “Packard” que muchas personas aseguraban, había sido de Carlos Gardel, (cosa que no es cierto, pues el coche del cantor, que era replica del que comentamos, había sido adquirido por un vecino Alta Córdoba), con floreros en los costados, que nuestro personaje no dejaba nunca de ponerle flores. Entonces, hasta aquí, hemos descartado dos arraigadas suposiciones demostrando que “Jardín Florido” no era ni traficante de drogas, ni que su coche era de Carlos Gardel, como se decía.
Ahora pasaremos a relatar sus intimidades. Sabemos que "Jardín Florido" vivía en Alta Córdoba, en la calle Antonio del Viso 738, planta baja, al lado de la comisaría séptima, de estado civil soltero, pero pocos conocerán que vivió en una finca, propiedad del señor Sebastián Monserrat, alrededor de 30 años y que falleció en ella, en julio de 1963, entre las 9 y 10 de la mañana, cuando tenía 88 años. Y que poco tiempo antes de su desaparición, le agradaba de sobremanera tomar el tranvía cuando estaba en movimiento, demostrando de paso un excelente estado físico.
Este personaje novelesco de la Córdoba nuestra, no vivía solo como muchos podían suponer. No, compartía sus horas, en compañía de una dama, nativa del departamento Sobremonte. Relación amorosa que llegó a prolongarse alrededor de 10 años, hasta su muerte.
Además diremos que la comida, la recibía de la confitería del Plata, (pues era muy amigo de sus dueños). Por ultimo comentaremos que su especial modo de pensar y vivir, lo llevó a ser culpable de una involuntaria tragedia. Allá por 1953/54 conduciéndose en su famoso Packard al llegar a la intersección de las calles Urquiza y Jerónimo Luis de Cabrera, al observar una hermosa mujer que pasaba por las inmediaciones, no pudo con su genio, soltó el volante de su coche con intenciones de sacarse su galera y arrojarle una flor a la bella dama, como era su costumbre, e imprevistamente se llevó por delante con su coche a tres escolares de la escuela Garcia Faure. Perdiendo a su automóvil a su pequeña fortuna en concepto de indemnización y otros gastos. Solo nos resta decir que "Jardín Florido" fue, una parte indivisible de la Córdoba romántica y que se podría definir con los versos del poeta que decía:
No se que dice suspirando el agua,
del rio que cruzaba en su piragua,
el indio aquel que se llamo Suquía.
No se que dicen sus perennes voces,
pero adivino que me reconoces,
y me hace mucho bien! Córdoba mía!
FUENTE: www.cordobaargentina.com.ar
LA PAPA DE HORTENSIA

LA PAPA DE HORTENSIA
A los lados de las vías del ferrocarril que pasan tras el viejo Parque Las Heras (antiguamente Parque Elisa, diseñado por Blaquie Belair) solía haber cruces que señalaban o recordaban accidentes fatales, ocurridos en sus cercanías. Junto a esas cruces, se hallaban nichos u hornacinas para colocar velas “a las ánimas” costeadas con las monedas depositadas por los creyentes, depositadas en envases de hojalata, que como alcancías estaban a los pies de dichas cruces.
A estas alcancías, solía arrimarse con asiduidad aquella conocida y popular mujer, que un día lejano apareciera en Córdoba, con su particularisimo pregón: "Vendo cabecitas de papas de hortensia" y que luego le quedaría de apodo.
Pues esa voluminosa señora, autora de tantos dichos y cuentos, nacidos de su excepcional modo de ser y vivir; tenía la costumbre de sacar las monedas que contenía el recipiente de aquella cruz.
Cierto día una vecina la sorprendió en esa situación e indignada por lo que consideraba “profanación a las cosas del más allá”, reprochole a la “Papa de Hortensia” por su conducta (para ella inconcebible). He aquí lo interesante del caso, la popular “Papa de Hortensia”, le contestó a su interpelante, que “no le robaba al finadito”, ni mucho menos. Simplemente le pedía prestado las monedas, tan solo hasta el domingo próximo, en el que se las devolvería.
No habiendo creído estas palabras de nuestra conocida y popular figura, la vecina se olvidó del asunto. Dicen que al pasar los días, llegó el domingo y esa misma vecina, experimentó una gran sorpresa, al comprobar que allí junto a la cruz, estaba la “Papa de Hortensia”. Pero ahora, estaba devolviendo al finadito las monedas que le había pedido en aquella oportunidad, prestadas. No sin antes agradecerle el favor, mientras las iba depositando en la alcancía.
A propósito de la “Papa de Hortensia”, en la desaparecida Compañía Constructora de Tranvías de Córdoba, cuyos coches dejaron de circular en la madrugada del martes 9 de octubre de 1962, existía en su reglamentación un dispositivo estatutario que prohibía el ascenso a sus vehículos de la “Papa de Hortensia” u otros personajes de similares características psíquicas
FUENTE:www.cordobaargentina.com.ar
La mujer que no dejaban subir al Tranvía
Muchos hoy pueden contar y tienen anécdotas de La Papa de Hortensia, pero sólo rescatamos aquellas de quienes alcanzaron a cruzarla, conocerla o ser insultados por ella de modo directo y personal.
Hecha esta aclaración necesaria, vamos por el primer testimonio, de una mujer cuyo nombre no quiere acordarse, pero que dijo lo siguiente al escritor Sergio Avedano:" La Papa de Hortensia era una mujer que se instalaba en la calle Colón, tenía su sala de estar y su baño frente al Munich, allí solía orinar, sin pudor, se ponía contra la pared para que corriera la orina por toda la vereda."
Nuestros oyentes en el programa radial "NOSOTROS, LOS CORDOBESES", aseguran que no hubo forma nunca de hacerla pagar el boleto del tranvía, por lo que llegado cierto año se colocó una especie de cartelito en cada tranvía (que en realidad era la copia de una suerte de decreto /prohibición) que indicaba expresamente que quedaba terminantemente prohibido permitir que La Papa subiera a un tranvía.
Pero… ¿Cuál fue el nombre real de La Papa de Hortensia? Se llamó María Herminia Rodríguez de la Fuente.
Dicen que se la escuchaba decir "- Ahora el tranvía 3 pasa de largo y no me levanta. Han prohibido llevarme y tengo que andar caminando." (y venía la catarata de insultos)
Ella vociferaba por las calles de Córdoba: "¡Compren la Papa de Hortensia y no se casen!
¡Una papa en la casa, una sola y no se casará, si compran la papa se salvarán de la vergüenza! ¡Mujeres estúpidas!"
¿Saben qué le ocurrió a María Herminia, para tenerle tanta rabia al casamiento? Un plantón en su casamiento (que finalmente nunca ocurrió) en la época en que Córdoba tenía más prejuicios que doctores, y un hijo -José- producto del amor puro que ella como mujer supo entregar a un hombre que NO supo ser lo suficientemente hombre.
FUENTE: http://www.nosotroscordobeses.com.ar/
EL CABEZA COLORADA
Hablaremos de José Maria Llanes, más conocido como "Cabeza Colorada".
Nació en las cercanías del barrio Observatorio (zona que también es conocida como el "Abrojal"), el día 4 de diciembre de 1890. En consecuencia era "abrojalero" de nacimiento.
Su cara enorme y encendida, estaba llena de pocitos de viruela o pecas como herrumbradas, que terminaban hacia arriba en una abundante y pelirroja cabellera. Una mezcla de azafrán paja brava (motivo de color, que algunos aseguraban que por ser hijo natural de padre desconocido; era el testimonio más real para justificar que su progenitor debió ser alguno del personal extranjero contratado para el Observatorio Nacional).
Pero el verdadero aval de este personaje era su condición de cantor, que amenizaba con sus canciones cafetines, casamientos, agasajos, velorios, etc.
Además su figura inconfundible, era la culpable de tantos sucedidos y cuentos que pasaron a través de los años a constituirse en parte de la historia popular de la Córdoba que se nos fue.
La mayor parte de su actuación artística la realizo, sin dudas, en el barrio "Barrio Orillero" (en parrillas, bares y confiterías de ese sector), incluso vivió por largo tiempo en la calle "12 de Octubre" (entre las calles Rivera Indarte y San Martín).
Al respecto, contaremos una anécdota, que se le endilgó hace muchos años a Cabeza Colorada, como protagonista.
Dicen que en la vieja Asistencia Pública de Córdoba (una especie de hospital de para personas de bajos recursos económicos), que estaba ubicada en la Calle Ancha 522 (entiéndase General Paz 522), se hallaba internado un amigo de nuestro personaje. Cuando se enteró "Cabeza Colorada" de lo que ocurría, se fue a la misma, para saludarle y acaso ayudarle dentro de sus posibilidades.
Al entrar a la Asistencia Pública, se encontró con los famosos enfermeros, los Hermanos Ferreira (más conocidos como los “Doctores Ferreira”, por haber intervenido en tantas “composturas anatómicas”, producidas en la mayorías de las veces por duelos y pendencias ocurridos en el Bajo), quienes le interiorizaron de la gravedad del estado en que se encontraba su amigo.
Muy compungido "Cabeza Colorada", en puntas de pies, se arrimó sigilosamente al lecho de su amigo y este al reconocerlo, no pudo menos que largarse a llorar y a preguntarle que por favor le dijera qué le habían hecho en su cuerpo, pues los médicos no le querían confesar nada sobre el particular situación.
Después de un largo rato, "Cabeza Colorada" fue convencido por las súplicas del amigo y fue entonces que creyendo hacerle un bien al enfermo, le dijo:
>Mirá, tengo dos cosas para decirte, pero una es mala y la otra es buena. ¿Cuál de las dos quieres que te cuente primero?
Desesperado el paciente, con suspiros muy profundos, le pidió por favor que empezara por la “cosa mala”, tal vez para reponerse sin duda con “la buena”.
>Bueno, respondió Cabeza Colorada y al instante se despachó con la respuesta en esta forma:
>… mirá a vos te han cortado los dos pies – no terminó de hablar el cantor, cuando el enfermo empezó a llorar inconsolablemente, y Cabeza Colorada para calmarlo le dijo:
>Pero no te aflijas hermano, porque ahora viene “la buena”.
>Rápido, rápido …le pidió el amigo.
Y entonces se escucho la voz del cantor que le decía:
>Mirá aquel tipo que está en la puerta... ...ponete contento…, te quiere comprar los zapatos!!!
Verdades o mentiras fueron cosas de la Córdoba Vieja.
Así José Maria Llanes o Cabeza Colorada, fue sin dudas, el personaje que mayor cantidad de anécdotas le endilgaron o protagonizó. Y esta “fama” la llevó hasta después de su fallecimiento.
A propósito de ello comentaremos lo que expresara un viejo vecino orillero, que asistió a la inhumación de los restos mortales de Cabeza Colorada, efectuada en el Cementerio San Vicente.
Decía el informante que solamente estuvieron en el entierro: su mujer, el “zurdo” Vicente, el Sub Comisario de aquella seccional y otras pocas personas que por su número, podrían haberse contado con los dedos de las manos, como si su recuerdo, se hubiese esfumado de las mentes de los cordobeses.
En esa oportunidad, fue cuando se desfondo el cajón “del finadito”, que pesaba abultados kilos (alrededor de 160 kilos).
FUENTE:www.cordobaargentina.com.ar
El "Cabeza Colorada"¿Alguien lo habrá llamado José María Llanés?
Existió un cordobés que hizo reír hasta después de muerto: hablo cuando se desfondó su ataúd en pleno velatorio y al suelo fue a parar su humanidad de más de 140 kilogramos.
El Cabeza Colorada, nació en cercanías del barrio Observatorio, o como muchos aún los llamamos: El Abrojal. Nació el 4 de diciembre diciembre de 1890.
"Abrojalero" de nacimiento, tenía en la cara redonda y grandota como "pecas herrumbradas" (resabios de una viruela)
Como cantor de ley, amenizaba todo tipo de fiesta: casamientos, cumpleaños y hasta velorios. Imagínense la cantidad numerosísima de anécdotas que se le han endilgado al Cabeza Colorada.
(Y todo él contribuía a su fama: si pesaba 140, 150 o 160 kilos, que era "hijo natural", que su padre era un astrónomo del Observatorio…..)
Aunque también es cierto que él "siempre estaba en los lugares donde se abría la llaga de soledad….."
Tan buen cantor y guitarrero como poco agraciado, porque además de las pecas, el pelo rojo y motoso (algo bastante raro de ver) tenía, para completar el goyesco retrato, una buena verruga justito en la punta de la nariz, este hombre estaba protegido (como dice el escritor Sergio Avedano) por su fama de firme transeúnte y conocedor de la Córdoba orillera.
¿Por qué lo consideramos un "personaje" cordobés?
- Porque se dijo que El Cabeza Colorada, cuando actuaba en el "As de Copas", en la Seccional Segunda, se dormía un instante sobre su guitarra y después arrancaba de nuevo. Y la muchachada le perdonaba todo al Cabeza.
- Porque fue el primero en llevar al público que asistía a los boliches, los cuentos cordobeses.
- Porque fue el primero en reírse de sí mismo: Cuenta Avedano lo siguiente: "Un día salí del "As de Copas" y estaba un mateo parado, le digo al cochero: ¿me lleva? El hombre me mira, observa mi pelo parado como si ardiera, mira mis kilos de más y me dice: Te llevo, pero subí rápido antes que el caballo te vea."
El Cabeza Y Gardel
Cuando Gardel venía a Córdoba, paraba en el lujoso y ya desaparecido Bristol Hotel (que estaba en calles 9 de Julio y Rivera Indarte), y después de actuar en el centro de la "docta", se trasladaba en tranvía hasta El Abrojal, a la mismísima casa del Cabeza Colorada, donde lo esperaba junto con Ciriaco y otros artistas y personajes de localía cordobesa, un jugoso y bien "regado" asado (tan criollo como "El Zorzal") para compartir entre los amigos.
Suponemos, que Carlos Gardel no llegaba a El Abrojal vestido de smoking, precisamente…
Muchos cordobeses recuerdan esta anécdota: en una ocasión "El Cabeza" cantó en presencia de Gardel, y al finalizar su actuación, "El Zorzal" lo felicitó por la forma de interpretar el tango, a lo que "El Cabeza Colorada" respondió: "Gracias don Carlos, usted tampoco desentona."
FUENTE: www.nosotros loscordobeses.com.ar
CARICATURA: José Hernández
sábado, 26 de diciembre de 2009
LA PELADA DE LA CAÑADA
Corría el año 1885, año en que se implantaba la Ley Nacional del Servicio Militar Obligatorio. Además en ese mismo año, Leopoldo Lugones fundaba el primer Centro Socialista.Por esos tiempos, todavía Córdoba se alumbraba por las noches, con farolitos a gas de carburo de calcio y la ciudad se constituía en una aldea esencialmente religiosa, que se acostaba con murmullos de rezos y se despertaba al tañir de las campanas de sus iglesias.
Se vivía en una época de duendes y fantasmas. La superstición o la credulidad del pueblo, se entremezclaba con creencias esotéricas, donde proliferaban sucedidos y leyendas que corrían en las tertulias familiares llegando esos comentarios a atemorizar las mentes infantiles, hasta en las horas de “las inevitables siestas”, creando duendes y fantasmas, merced al clima propicio de aquella sociedad.
En cada baldío o zanjón, la imaginación de aquellos habitantes creaba un fantasma, nos atreveríamos a pensar. Los lugares mas aprensivos por lo sombrío del panorama, solía ser La Cañada, culpable también de las inundaciones traicioneras.
Fue justamente en La Cañada, especialmente en el trayecto desde Las Cinco Esquinas hasta su desembocadura con él rió, que empezó por aquellos años a aparecer un fantasma, que durante largo tiempo provocó el temor de muchos cordobeses, para después convertirse en una leyenda.Las características de este aparecido, según los comentarios, de los que decían que lo vieron: “Era movediza, tenía una lustrosa pelada, vestía de blanco y crecía y sé encogía con facilidad”. Tratábase de “La Pelada de la Cañada”. De Pronto se aparecía cerca de la Capilla del Niño Dios (que se ubicaba en la intersección de la calle San Juan y La Cañada), como por las inmediaciones de la vieja fábrica de porcelana, por la calle Rioja.
Según la leyenda, se trataría del fantasma de una joven mujer, que sollozaba inconsolablemente (muy parecido al relato de La Llorona). Esta leyenda cordobesa surgió hace mucho tiempo, lo cierto es que nadie conoce realmente cual es su origen, y se tejen muchas hipótesis en torno a esta mujer tan particular. Una de las hipótesis cuenta que esta mujer se peleó con su marido, huyó de la casa y en un arranque de locura tiró a su hijo a la Cañada. Luego, cuando volvió en sí y vio lo que había hecho, se tiró ella tambien. Desde entonces, esta alma en pena recorría un tramo de La Cañada llorando amargamente, por su hijo y su vida perdida. Se dice que era una mujer vestida de negro (o blanco, difieren) cuya cabeza estaba cubierta por un manto. Al tenerla de frente, la mujer descubría su cabeza dejando ver una cabeza rapada, y un esqueleto debajo de su atuendo, asustando a los desprevenidos transeúntes. La mujer solía aparecer en las noches oscuras.
Ésta es solo una de las versiones de esta leyenda urbana de Córdoba Capital
Tal vez aprovechando la fama de “la Pelada de la Cañada”, sin dudas, habrían aparecido algunos imitadores. Pero lo cierto es, que entre los asaltados por este fantasma, habría un comerciante “turco” que decía se le había aparecido por la fabrica de porcelana. Lo interesante del caso, era que del susto recibido, no podía bajarse del caballo que montaba, y pretendía por ese inconveniente, hacer la denuncia desde su cabalgadura. Cuentan que el comisario no encontraba la manera de hacer descender del animal al denunciante y al preguntarle el “por qué de su actitud”, contestole el turco:
- Pasar señur comesario, que la Belada de la Cañada, ha asustado al caballo mío y ahora no dejar bajar al pobre turco…
Preguntando en la oportunidad el Comisario:
- Usted, ¿no se asustó, amigo?
Respondiendo el turco:
- Yo simplemente ensuciar pantalones, señur comisario.
Para terminar de contar esta anécdota, diremos que tiempo después unos soldados del Regimiento 4 de Ingeniería que tenían sus cuarteles precisamente en la vieja fábrica de porcelana entre la calle Rioja y La Cañada, le hicieron una celada al fantasma. No se sabe si fue el auténtico o no, lo que sí se sabe es que le dieron una soberana paliza.
FUENTE:www.visitingargentina.com/blog
www.paranormal.com.ar
LA CAÑADA
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Si hubo un detalle que no tomó en cuenta Don Jerónimo Luis de Cabrera cuando fundó la ciudad de Córdoba, fue ese pequeño riacho que hoy llamamos “La Cañada”, en el cual confió Don Cabrera para proveer de agua a la ciudad. Ese arroyo cruzaba la ciudad con pachorra provinciana, dando espacio y lugar para lavar la ropa, juntar agua o simplemente disfrutarlo en una tarde de sol. Seguramente debe ser que por haber fundado la ciudad en invierno, no se tomaron en cuenta las tormentas de verano que hacen caer a cántaros el agua del cielo en pocos minutos, convirtiendo el “arroyito” en un torrente arrasador.
Ya en el siglo XVII, el Cabildo de la ciudad buscó mil formas de contener las aguas siempre amenazantes de río. En 1671, luego de una inundación, el gobierno logró recaudar los fondos para construir un murallón de calicanto, conformando así el primer intento de encausar el río y dar forma a la Cañada.
Con el paso de los siglos, la Cañada con el murallón del calicanto comenzó a tomar el aire místico que aún hoy conserva. Casas construidas al borde, con sus balcones irregulares que sobresalían a la construcción misma y que parecían caerse al río, viejos puentes, abundante vegetación.
El hecho que la Cañada fuera una frontera natural de la ciudad y que personajes marginales la habitaran dieron paso a leyendas de duendes, fantasmas y aparecidos (entre ellos la “Pelada de la Cañada”). Todo este marco dio pie a poetas y pintores que ayudaron a convertir a la Cañada en un patrimonio de la ciudad e icono del pensamiento colectivo cordobés.
Hacia 1890 el arroyo se desbordó un día de madrugada, causando la muerte de unas 200 personas
El 15 de enero de 1939, llovió 90 milímetros en 1 hora y media, provocando “un torrente de agua y barro que avanzó sobre la ciudad, rompió primero el puente sobre la calle San Juan y luego los demás”. Tras esta inundación la ciudad quedó a oscuras, y al amanecer del día siguiente sus habitantes se encontraron con un espectáculo dantesco. “El centro estaba cubierto de lodo que llevó varios días quitar, y algunas calles quedaron convertidas en barrancas”.
Ante este desastre el gobierno provincial encomendó una propuesta de sistematización del río a un grupo de ingenieros de la Dirección General de Hidráulica. El equipo estaba integrado por los ingenieros Juan Carlos Juricich (probablemente de origen croata), Rogelio Álvarez y Eduardo Cammisa Tecco.
El 3 de marzo de 1943, el Gobernador Santiago H. Del Castillo, firmó el decreto y aprobó el proyecto y el presupuesto de las obras por un total de $1.549.838,07 Moneda Nacional. La ceremonia de inauguración de los trabajos se realizó el 4 de julio de 1944 en la esquina de Colón y Lavalleja (hoy Colón y Cañada). Contó con la presencia del Presidente de la Nación, General Edelmiro J. Farrel. El trabajo en cuestión era el siguiente: “Desde calle Perú hasta su desembocadura en el Suquía, en una longitud de 2631.97 metros el viejo cauce de la Cañada fue sustituido por un canal revestido a cielo abierto de 14.80 metros de ancho en la base y 16 metros en la parte superior, que puso fin al fantasma de las inundaciones. El núcleo central y el macizo de fundación fueron construidos con hormigón armado, mientras que el parámetro del muro lleva mampostería de piedra caliza labrada a punta gruesa”
Todo este trabajo se realizó en forma artesanal.
En los archivos de la Municipalidad de Córdoba, se encuentran los proyectos de la obra
En el concurso “Las Siete Maravillas de Córdoba”, organizado por el diario “La Voz del Interior”, la Cañada quedó como la segunda maravilla más votada, con un total de 5808 votos
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Si hubo un detalle que no tomó en cuenta Don Jerónimo Luis de Cabrera cuando fundó la ciudad de Córdoba, fue ese pequeño riacho que hoy llamamos “La Cañada”, en el cual confió Don Cabrera para proveer de agua a la ciudad. Ese arroyo cruzaba la ciudad con pachorra provinciana, dando espacio y lugar para lavar la ropa, juntar agua o simplemente disfrutarlo en una tarde de sol. Seguramente debe ser que por haber fundado la ciudad en invierno, no se tomaron en cuenta las tormentas de verano que hacen caer a cántaros el agua del cielo en pocos minutos, convirtiendo el “arroyito” en un torrente arrasador.
Ya en el siglo XVII, el Cabildo de la ciudad buscó mil formas de contener las aguas siempre amenazantes de río. En 1671, luego de una inundación, el gobierno logró recaudar los fondos para construir un murallón de calicanto, conformando así el primer intento de encausar el río y dar forma a la Cañada.
Con el paso de los siglos, la Cañada con el murallón del calicanto comenzó a tomar el aire místico que aún hoy conserva. Casas construidas al borde, con sus balcones irregulares que sobresalían a la construcción misma y que parecían caerse al río, viejos puentes, abundante vegetación.
El hecho que la Cañada fuera una frontera natural de la ciudad y que personajes marginales la habitaran dieron paso a leyendas de duendes, fantasmas y aparecidos (entre ellos la “Pelada de la Cañada”). Todo este marco dio pie a poetas y pintores que ayudaron a convertir a la Cañada en un patrimonio de la ciudad e icono del pensamiento colectivo cordobés.
Hacia 1890 el arroyo se desbordó un día de madrugada, causando la muerte de unas 200 personas
El 15 de enero de 1939, llovió 90 milímetros en 1 hora y media, provocando “un torrente de agua y barro que avanzó sobre la ciudad, rompió primero el puente sobre la calle San Juan y luego los demás”. Tras esta inundación la ciudad quedó a oscuras, y al amanecer del día siguiente sus habitantes se encontraron con un espectáculo dantesco. “El centro estaba cubierto de lodo que llevó varios días quitar, y algunas calles quedaron convertidas en barrancas”.
Ante este desastre el gobierno provincial encomendó una propuesta de sistematización del río a un grupo de ingenieros de la Dirección General de Hidráulica. El equipo estaba integrado por los ingenieros Juan Carlos Juricich (probablemente de origen croata), Rogelio Álvarez y Eduardo Cammisa Tecco.
El 3 de marzo de 1943, el Gobernador Santiago H. Del Castillo, firmó el decreto y aprobó el proyecto y el presupuesto de las obras por un total de $1.549.838,07 Moneda Nacional. La ceremonia de inauguración de los trabajos se realizó el 4 de julio de 1944 en la esquina de Colón y Lavalleja (hoy Colón y Cañada). Contó con la presencia del Presidente de la Nación, General Edelmiro J. Farrel. El trabajo en cuestión era el siguiente: “Desde calle Perú hasta su desembocadura en el Suquía, en una longitud de 2631.97 metros el viejo cauce de la Cañada fue sustituido por un canal revestido a cielo abierto de 14.80 metros de ancho en la base y 16 metros en la parte superior, que puso fin al fantasma de las inundaciones. El núcleo central y el macizo de fundación fueron construidos con hormigón armado, mientras que el parámetro del muro lleva mampostería de piedra caliza labrada a punta gruesa”
Todo este trabajo se realizó en forma artesanal.
En los archivos de la Municipalidad de Córdoba, se encuentran los proyectos de la obra
En el concurso “Las Siete Maravillas de Córdoba”, organizado por el diario “La Voz del Interior”, la Cañada quedó como la segunda maravilla más votada, con un total de 5808 votos
INFORMACIÓN DE LA WEB
LOS CAPUCHINOS (EXTERIOR)
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La Iglesia del Sagrado Corazón está ubicada en la intersección de las calles Buenos Aires y Obispo Oro (en el barrio Nueva Córdoba). Es más conocida como la iglesia de los padres Capuchinos (brazo de la orden franciscana que se distinguía por el uso de “Il Cappuccio”).
Es un fiel exponente de la arquitectura neogótica. Fue diseñada y realizada por el célebre artista e ingeniero italiano Augusto Ferrari, quien trae desde Roma al personal especializado para semejante estructura. Su construcción fue iniciada en 1926 y terminada en el año 1934. Llama la atención la torre trunca, cuya explicación aduce a la materia que perece, mientras la otra, erguida representa el alma que asciende.
Cada uno de los elementos que integran la fachada principal tienen un sentido o significado para el artista destacando un sin número de columnas de distintos estilos a la altura de las naves y que representan todas las culturas antes del advenimiento de Jesucristo. Su rico interior impacta por el cielo representado en su bóveda, que genera una idea de absoluta inmensidad. Se encuentran pinturas que nos hablan de la vida de San Francisco de Asís, patrono de la orden.
En el concurso, organizado por el diario La Voz del Interior y auspiciado por la Agencia Córdoba Turismo, para elegir las 7 Maravillas de Córdoba, la iglesia de Los Capuchinos obtuvo el primer lugar con un total de 7.319 votos.
Córdoba - Iglesia Sagrado Corazón - Los Capuchinos (Exterior)
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LOS CAPUCHINOS (INTERIOR)
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La Iglesia del Sagrado Corazón está ubicada en la intersección de las calles Buenos Aires y Obispo Oro (en el barrio Nueva Córdoba). Es más conocida como la iglesia de los padres Capuchinos (brazo de la orden franciscana que se distinguía por el uso de “Il Cappuccio”).
Es un fiel exponente de la arquitectura neogótica. Fue diseñada y realizada por el célebre artista e ingeniero italiano Augusto Ferrari, quien trae desde Roma al personal especializado para semejante estructura. Su construcción fue iniciada en 1926 y terminada en el año 1934. Llama la atención la torre trunca, cuya explicación aduce a la materia que perece, mientras la otra, erguida representa el alma que asciende.
Cada uno de los elementos que integran la fachada principal tienen un sentido o significado para el artista destacando un sin número de columnas de distintos estilos a la altura de las naves y que representan todas las culturas antes del advenimiento de Jesucristo. Su rico interior impacta por el cielo representado en su bóveda, que genera una idea de absoluta inmensidad. Se encuentran pinturas que nos hablan de la vida de San Francisco de Asís, patrono de la orden.
En el concurso, organizado por el diario La Voz del Interior y auspiciado por la Agencia Córdoba Turismo, para elegir las 7 Maravillas de Córdoba, la iglesia de Los Capuchinos obtuvo el primer lugar con un total de 7.319 votos.
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La Iglesia del Sagrado Corazón está ubicada en la intersección de las calles Buenos Aires y Obispo Oro (en el barrio Nueva Córdoba). Es más conocida como la iglesia de los padres Capuchinos (brazo de la orden franciscana que se distinguía por el uso de “Il Cappuccio”).
Es un fiel exponente de la arquitectura neogótica. Fue diseñada y realizada por el célebre artista e ingeniero italiano Augusto Ferrari, quien trae desde Roma al personal especializado para semejante estructura. Su construcción fue iniciada en 1926 y terminada en el año 1934. Llama la atención la torre trunca, cuya explicación aduce a la materia que perece, mientras la otra, erguida representa el alma que asciende.
Cada uno de los elementos que integran la fachada principal tienen un sentido o significado para el artista destacando un sin número de columnas de distintos estilos a la altura de las naves y que representan todas las culturas antes del advenimiento de Jesucristo. Su rico interior impacta por el cielo representado en su bóveda, que genera una idea de absoluta inmensidad. Se encuentran pinturas que nos hablan de la vida de San Francisco de Asís, patrono de la orden.
En el concurso, organizado por el diario La Voz del Interior y auspiciado por la Agencia Córdoba Turismo, para elegir las 7 Maravillas de Córdoba, la iglesia de Los Capuchinos obtuvo el primer lugar con un total de 7.319 votos.
Córdoba - Iglesia Sagrado Corazón - Los Capuchinos (Interior)
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