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lunes, 28 de diciembre de 2009

JARDÍN FLORIDO (POR MERCEDES SALVAT)

La información sobre Jardín Florido de este artículo difiere en algunos datos de la otra. Es por eso que posteo las dos.
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De oficio, piropeador
Es difícil asegurar el origen exacto de su nacimiento y cuál era la flor que lucía en la solapa, pero muchos recuerdan haberlo visto halagando a las damas de la dulce Córdoba de mediados del siglo pasado. Y nunca falta quien lo nombre, o recuerde alguna de sus galanterías.
Jardín Florido se llamó, se llama, porque es leyenda y las leyendas no mueren. Fue el piropeador más famoso y respetuoso de los años '50 y '60 cordobeses, el dueño de frases inocentes, lisonjeras, que engalanaron las esquinas céntricas de la Córdoba de antaño, aquélla donde no existía la prisa.
El hombrecito de traje negro, galera, bastón con empuñadura de marfil y flor en el ojal -un clavel, tal vez un jazmín, o una indefinida y descolorida flor de plástico en los últimos tiempos- había nacido en Bassano de Grappa, Italia, en 1888, dicen casi todos. Pero, como ocurre con los seres legendarios, también hay quienes cuentan que, en realidad, había llegado desde un pueblito de la provincia de Santa Fe.

Cualquiera fuera su procedencia, su documento decía que su nombre era Fernando Bertapelle, algo que tanto él como los cordobeses decidieron olvidar. Es que la ciudad lo había bautizado Jardín Florido, de acuerdo con su oficio ad honorem: piropeador, decidor de exuberantes frases a cuanta dama se le cruzara por delante. En la tranquila Córdoba que pocos años después se convertiría en convulsionado centro ciudadano, Jardín Florido aplicaba el principio de igualdad. Para él no había lindas, feas, gordas, con anteojos de gruesos cristales, portadoras de falda hasta los tobillos, jóvenes sensuales o ancianas jubiladas. Todas eran mujeres, dignas de las más dedicadas y delicadas palabras.

"En el mar de sus ojos, señora, ¿quién podrá salvarme?" susurraba el personaje en la esquina de 9 de Julio y Rivera Indarte. O "Estas negras rejas se desvanecen para servir de simple fondo a la colorida belleza de sus ojos, de su cabello y de su juventud", decía el hombre, con todo el tiempo del mundo por delante. Hay quien aún recuerda un piropo especial, con fecha y todo. Fue "Adiós, hermosa legisladora del mañana" lo que se le ocurrió decir a Jardín Florido en 1952 a una dama que pasó por ahí, en homenaje al voto femenino inaugurado por esos días.
Cuentan que se ganó la vida como litógrafo, mozo de comedor en el ferrocarril Belgrano y en la confitería Richmond, encargado del aristocrático Crisol Club, valet de un gobernador, mayordomo de una estancia, procurador judicial y gestor de la inmobiliaria Villalón durante sus muchos años cordobeses. Dicen que acertó la lotería dos veces y que con ese dinero se compró el Packard -del mismo color y modelo que el de Carlos Gardel- que sería su orgullo y luego su ruina cuando, por piropear a una señorita mientras conducía, se subió a la vereda y lastimó a un grupo de jóvenes -algunos aseguran que fueron escolares-; la consecuencia fue la venta del auto para pagar las obligaciones judiciales.

"Este empedrado que pisaron soldados, próceres y sacerdotes, es digno de sostener su celestial armonía, capaz de endulzar al mismísimo hierro", decía Jardín Florido desde otra de sus esquinas favoritas, la de San Martín y 25 de Mayo, según recuerda hoy una cordobesa de 48 años que solía pasear por allí de la mano de su mamá. "La respuesta de mi madre y de las demás mujeres que lo oían piropear era una sonrisa, siempre". Lo mismo afirma su compañera de trabajo, nacida en La Docta hace sólo 28 años pero con memoria histórica: "Claro que oí hablar de Jardín Florido. También lo llamaban Ventanita Florida; mucha gente de mi familia lo conoció".


En las calles

En pleno centro y a metros de la Catedral, las rejas de la vieja Córdoba parecen haber inspirado al personaje. "¿Cómo puede la luz de su rostro y la calidez de su figura hacer tan negras, frías y rústicas a estas pobres rejas del pasado, que sólo pretendían adornar a una iglesia?" se despachaba, dejando asombrada a alguna turista desprevenida.
El nombre de Jardín Florido reluce en tres calles cordobesas: lo recuerdan una placa en Antonio del Viso 738, el sitio donde vivió; otra de cerámica en la primera cuadra de la calle San Martín, y una mayólica en 9 de Julio y Rivera Indarte, realizada por la artista Nélida Varaldi, con versos de la poeta Noemí Pedernera.

"Sólo pretendo sobrevivir. No espero nombramientos. No quiero discutir y menos oír hablar tonterías de quién soy. No poseo más que el andar de un simple hombre que espera... Pasarán los días y no me encontrarán, nada más", dicen que dijo el hombre de galera y bastón poco antes de morir, a los 80 años, en su casa del barrio de Alta Córdoba, donde vivía junto con su compañera de la última década, Eduvije Guevara. Algunos cuentan que se estaba bañando para salir a piropear. Otros, que ya se había vestido con su frac de casimir inglés. Era la fría mañana cordobesa del 9 de julio de 1968. O del 10. La vida de Jardín Florido se extinguía, y se agrandaba la leyenda del hombrecito educado y galante. También se iba apagando la calma de aquella Córdoba tranquila y siestera. Pronto, otras voces sonarían, otros pasos agitarían las calles de la ciudad "de la bella estirpe y casta doctoral" y repercutirían en todo el país.

Mercedes Salvat

FOTO: José Luis Raota

FUENTE: www.cardon.com.ar

JARDÍN FLORIDO


Esto no es una historia, le faltarían años, ni siquiera una crónica y menos una anécdota. Es simplemente un recuerdo de nuestra Córdoba, que se nos fue ayer nomás.
Se llamaba Fernando Albiero Bertapelle y había venido de un pueblito de la provincia vecina de Santa Fe, y no de Italia como muchos creyeron.
Antes de hacerse famoso por su vestimenta y por sus flores, empezó a trabajar en el viejo bar y confitería “Richmond”, allá por la calle Buenos Aires frente a la plaza San Martín. No importa saber de qué, sólo diremos que fue desde 1931 a 1933. En el año 1936, merced a un a recomendación de un famoso abogado penalista, que tenía su estudio jurídico justamente con otro no menos conocido, por la calle Rivera Indarte al 500, entró a trabajar en un club aristocrático y su figura empezó a visualizarse por las calles de la ciudad vestido de etiqueta, con un pequeño ramito de flores en su solapa y un lustroso bastón cuya empuñadura era una bola de billar legitima de marfil, adminículo que le ocasionaría varios inconvenientes en su pintoresca vida, cuando se le salía del madero.
Más tarde lo individualizaron con mayor nitidez, porque agrega a su atuendo "un florido lenguaje", cuando se dirigía en especial a las damas de "la docta", y su nombre de pila se pierde definitivamente, hasta para sus propios allegados, porque es la ciudad de Córdoba, quien lo bautiza por siempre, con los apodos de “Ventanita Florida” (por culpa de una nota de Dn. Azor Grimaut) y por el apelativo de “Jardín Florido”, que finalmente le quedará hasta su desaparición. Al correr el tiempo “Jardín Florido” se adueña de las arterias de la ciudad que le dio su nombre. Ocurre que ambos se complementaban.
La ciudad, porque evidentemente protege al personaje que ha engendrado y “el hombrecito elegante y piropeador” sabedor de ello, agradecido le irá perfumando las calles de piropos. Posteriormente “Jardín Florido” entra a trabajar en una inmobiliaria (Villalón), en la calle 25 de Mayo al 200, al lado del Hotel Victoria, donde realiza excelentes negocios, que le permiten adquirir su conocido automóvil “Packard” que muchas personas aseguraban, había sido de Carlos Gardel, (cosa que no es cierto, pues el coche del cantor, que era replica del que comentamos, había sido adquirido por un vecino Alta Córdoba), con floreros en los costados, que nuestro personaje no dejaba nunca de ponerle flores. Entonces, hasta aquí, hemos descartado dos arraigadas suposiciones demostrando que “Jardín Florido” no era ni traficante de drogas, ni que su coche era de Carlos Gardel, como se decía.
Ahora pasaremos a relatar sus intimidades. Sabemos que "Jardín Florido" vivía en Alta Córdoba, en la calle Antonio del Viso 738, planta baja, al lado de la comisaría séptima, de estado civil soltero, pero pocos conocerán que vivió en una finca, propiedad del señor Sebastián Monserrat, alrededor de 30 años y que falleció en ella, en julio de 1963, entre las 9 y 10 de la mañana, cuando tenía 88 años. Y que poco tiempo antes de su desaparición, le agradaba de sobremanera tomar el tranvía cuando estaba en movimiento, demostrando de paso un excelente estado físico.
Este personaje novelesco de la Córdoba nuestra, no vivía solo como muchos podían suponer. No, compartía sus horas, en compañía de una dama, nativa del departamento Sobremonte. Relación amorosa que llegó a prolongarse alrededor de 10 años, hasta su muerte.
Además diremos que la comida, la recibía de la confitería del Plata, (pues era muy amigo de sus dueños). Por ultimo comentaremos que su especial modo de pensar y vivir, lo llevó a ser culpable de una involuntaria tragedia. Allá por 1953/54 conduciéndose en su famoso Packard al llegar a la intersección de las calles Urquiza y Jerónimo Luis de Cabrera, al observar una hermosa mujer que pasaba por las inmediaciones, no pudo con su genio, soltó el volante de su coche con intenciones de sacarse su galera y arrojarle una flor a la bella dama, como era su costumbre, e imprevistamente se llevó por delante con su coche a tres escolares de la escuela Garcia Faure. Perdiendo a su automóvil a su pequeña fortuna en concepto de indemnización y otros gastos. Solo nos resta decir que "Jardín Florido" fue, una parte indivisible de la Córdoba romántica y que se podría definir con los versos del poeta que decía:

No se que dice suspirando el agua,
del rio que cruzaba en su piragua,
el indio aquel que se llamo Suquía.
No se que dicen sus perennes voces,
pero adivino que me reconoces,
y me hace mucho bien! Córdoba mía!


FUENTE: www.cordobaargentina.com.ar

LA PAPA DE HORTENSIA



LA PAPA DE HORTENSIA

A los lados de las vías del ferrocarril que pasan tras el viejo Parque Las Heras (antiguamente Parque Elisa, diseñado por Blaquie Belair) solía haber cruces que señalaban o recordaban accidentes fatales, ocurridos en sus cercanías. Junto a esas cruces, se hallaban nichos u hornacinas para colocar velas “a las ánimas” costeadas con las monedas depositadas por los creyentes, depositadas en envases de hojalata, que como alcancías estaban a los pies de dichas cruces.
A estas alcancías, solía arrimarse con asiduidad aquella conocida y popular mujer, que un día lejano apareciera en Córdoba, con su particularisimo pregón: "Vendo cabecitas de papas de hortensia" y que luego le quedaría de apodo.
Pues esa voluminosa señora, autora de tantos dichos y cuentos, nacidos de su excepcional modo de ser y vivir; tenía la costumbre de sacar las monedas que contenía el recipiente de aquella cruz.
Cierto día una vecina la sorprendió en esa situación e indignada por lo que consideraba “profanación a las cosas del más allá”, reprochole a la “Papa de Hortensia” por su conducta (para ella inconcebible). He aquí lo interesante del caso, la popular “Papa de Hortensia”, le contestó a su interpelante, que “no le robaba al finadito”, ni mucho menos. Simplemente le pedía prestado las monedas, tan solo hasta el domingo próximo, en el que se las devolvería.
No habiendo creído estas palabras de nuestra conocida y popular figura, la vecina se olvidó del asunto. Dicen que al pasar los días, llegó el domingo y esa misma vecina, experimentó una gran sorpresa, al comprobar que allí junto a la cruz, estaba la “Papa de Hortensia”. Pero ahora, estaba devolviendo al finadito las monedas que le había pedido en aquella oportunidad, prestadas. No sin antes agradecerle el favor, mientras las iba depositando en la alcancía.

A propósito de la “Papa de Hortensia”, en la desaparecida Compañía Constructora de Tranvías de Córdoba, cuyos coches dejaron de circular en la madrugada del martes 9 de octubre de 1962, existía en su reglamentación un dispositivo estatutario que prohibía el ascenso a sus vehículos de la “Papa de Hortensia” u otros personajes de similares características psíquicas


FUENTE:www.cordobaargentina.com.ar


La mujer que no dejaban subir al Tranvía


Muchos hoy pueden contar y tienen anécdotas de La Papa de Hortensia, pero sólo rescatamos aquellas de quienes alcanzaron a cruzarla, conocerla o ser insultados por ella de modo directo y personal.
Hecha esta aclaración necesaria, vamos por el primer testimonio, de una mujer cuyo nombre no quiere acordarse, pero que dijo lo siguiente al escritor Sergio Avedano:" La Papa de Hortensia era una mujer que se instalaba en la calle Colón, tenía su sala de estar y su baño frente al Munich, allí solía orinar, sin pudor, se ponía contra la pared para que corriera la orina por toda la vereda."
Nuestros oyentes en el programa radial "NOSOTROS, LOS CORDOBESES", aseguran que no hubo forma nunca de hacerla pagar el boleto del tranvía, por lo que llegado cierto año se colocó una especie de cartelito en cada tranvía (que en realidad era la copia de una suerte de decreto /prohibición) que indicaba expresamente que quedaba terminantemente prohibido permitir que La Papa subiera a un tranvía.
Pero… ¿Cuál fue el nombre real de La Papa de Hortensia? Se llamó María Herminia Rodríguez de la Fuente.
Dicen que se la escuchaba decir "- Ahora el tranvía 3 pasa de largo y no me levanta. Han prohibido llevarme y tengo que andar caminando." (y venía la catarata de insultos)
Ella vociferaba por las calles de Córdoba: "¡Compren la Papa de Hortensia y no se casen!
¡Una papa en la casa, una sola y no se casará, si compran la papa se salvarán de la vergüenza! ¡Mujeres estúpidas!"
¿Saben qué le ocurrió a María Herminia, para tenerle tanta rabia al casamiento? Un plantón en su casamiento (que finalmente nunca ocurrió) en la época en que Córdoba tenía más prejuicios que doctores, y un hijo -José- producto del amor puro que ella como mujer supo entregar a un hombre que NO supo ser lo suficientemente hombre.

FUENTE: http://www.nosotroscordobeses.com.ar/

EL CABEZA COLORADA

EL CABEZA COLORADA

Hablaremos de José Maria Llanes, más conocido como "Cabeza Colorada".
Nació en las cercanías del barrio Observatorio (zona que también es conocida como el "Abrojal"), el día 4 de diciembre de 1890. En consecuencia era "abrojalero" de nacimiento.
Su cara enorme y encendida, estaba llena de pocitos de viruela o pecas como herrumbradas, que terminaban hacia arriba en una abundante y pelirroja cabellera. Una mezcla de azafrán paja brava (motivo de color, que algunos aseguraban que por ser hijo natural de padre desconocido; era el testimonio más real para justificar que su progenitor debió ser alguno del personal extranjero contratado para el Observatorio Nacional).
Pero el verdadero aval de este personaje era su condición de cantor, que amenizaba con sus canciones cafetines, casamientos, agasajos, velorios, etc.
Además su figura inconfundible, era la culpable de tantos sucedidos y cuentos que pasaron a través de los años a constituirse en parte de la historia popular de la Córdoba que se nos fue.
La mayor parte de su actuación artística la realizo, sin dudas, en el barrio "Barrio Orillero" (en parrillas, bares y confiterías de ese sector), incluso vivió por largo tiempo en la calle "12 de Octubre" (entre las calles Rivera Indarte y San Martín).
Al respecto, contaremos una anécdota, que se le endilgó hace muchos años a Cabeza Colorada, como protagonista.
Dicen que en la vieja Asistencia Pública de Córdoba (una especie de hospital de para personas de bajos recursos económicos), que estaba ubicada en la Calle Ancha 522 (entiéndase General Paz 522), se hallaba internado un amigo de nuestro personaje. Cuando se enteró "Cabeza Colorada" de lo que ocurría, se fue a la misma, para saludarle y acaso ayudarle dentro de sus posibilidades.
Al entrar a la Asistencia Pública, se encontró con los famosos enfermeros, los Hermanos Ferreira (más conocidos como los “Doctores Ferreira”, por haber intervenido en tantas “composturas anatómicas”, producidas en la mayorías de las veces por duelos y pendencias ocurridos en el Bajo), quienes le interiorizaron de la gravedad del estado en que se encontraba su amigo.
Muy compungido "Cabeza Colorada", en puntas de pies, se arrimó sigilosamente al lecho de su amigo y este al reconocerlo, no pudo menos que largarse a llorar y a preguntarle que por favor le dijera qué le habían hecho en su cuerpo, pues los médicos no le querían confesar nada sobre el particular situación.
Después de un largo rato, "Cabeza Colorada" fue convencido por las súplicas del amigo y fue entonces que creyendo hacerle un bien al enfermo, le dijo:

>Mirá, tengo dos cosas para decirte, pero una es mala y la otra es buena. ¿Cuál de las dos quieres que te cuente primero?

Desesperado el paciente, con suspiros muy profundos, le pidió por favor que empezara por la “cosa mala”, tal vez para reponerse sin duda con “la buena”.

>Bueno, respondió Cabeza Colorada y al instante se despachó con la respuesta en esta forma:

>… mirá a vos te han cortado los dos pies – no terminó de hablar el cantor, cuando el enfermo empezó a llorar inconsolablemente, y Cabeza Colorada para calmarlo le dijo:

>Pero no te aflijas hermano, porque ahora viene “la buena”.

>Rápido, rápido …le pidió el amigo.

Y entonces se escucho la voz del cantor que le decía:

>Mirá aquel tipo que está en la puerta... ...ponete contento…, te quiere comprar los zapatos!!!


Verdades o mentiras fueron cosas de la Córdoba Vieja.

Así José Maria Llanes o Cabeza Colorada, fue sin dudas, el personaje que mayor cantidad de anécdotas le endilgaron o protagonizó. Y esta “fama” la llevó hasta después de su fallecimiento.
A propósito de ello comentaremos lo que expresara un viejo vecino orillero, que asistió a la inhumación de los restos mortales de Cabeza Colorada, efectuada en el Cementerio San Vicente.
Decía el informante que solamente estuvieron en el entierro: su mujer, el “zurdo” Vicente, el Sub Comisario de aquella seccional y otras pocas personas que por su número, podrían haberse contado con los dedos de las manos, como si su recuerdo, se hubiese esfumado de las mentes de los cordobeses.
En esa oportunidad, fue cuando se desfondo el cajón “del finadito”, que pesaba abultados kilos (alrededor de 160 kilos).

FUENTE:www.cordobaargentina.com.ar

El "Cabeza Colorada"

¿Alguien lo habrá llamado José María Llanés?
Existió un cordobés que hizo reír hasta después de muerto: hablo cuando se desfondó su ataúd en pleno velatorio y al suelo fue a parar su humanidad de más de 140 kilogramos.
El Cabeza Colorada, nació en cercanías del barrio Observatorio, o como muchos aún los llamamos: El Abrojal. Nació el 4 de diciembre diciembre de 1890.
"Abrojalero" de nacimiento, tenía en la cara redonda y grandota como "pecas herrumbradas" (resabios de una viruela)
Como cantor de ley, amenizaba todo tipo de fiesta: casamientos, cumpleaños y hasta velorios. Imagínense la cantidad numerosísima de anécdotas que se le han endilgado al Cabeza Colorada.
(Y todo él contribuía a su fama: si pesaba 140, 150 o 160 kilos, que era "hijo natural", que su padre era un astrónomo del Observatorio…..)
Aunque también es cierto que él "siempre estaba en los lugares donde se abría la llaga de soledad….."
Tan buen cantor y guitarrero como poco agraciado, porque además de las pecas, el pelo rojo y motoso (algo bastante raro de ver) tenía, para completar el goyesco retrato, una buena verruga justito en la punta de la nariz, este hombre estaba protegido (como dice el escritor Sergio Avedano) por su fama de firme transeúnte y conocedor de la Córdoba orillera.

¿Por qué lo consideramos un "personaje" cordobés?

- Porque se dijo que El Cabeza Colorada, cuando actuaba en el "As de Copas", en la Seccional Segunda, se dormía un instante sobre su guitarra y después arrancaba de nuevo. Y la muchachada le perdonaba todo al Cabeza.
- Porque fue el primero en llevar al público que asistía a los boliches, los cuentos cordobeses.
- Porque fue el primero en reírse de sí mismo: Cuenta Avedano lo siguiente: "Un día salí del "As de Copas" y estaba un mateo parado, le digo al cochero: ¿me lleva? El hombre me mira, observa mi pelo parado como si ardiera, mira mis kilos de más y me dice: Te llevo, pero subí rápido antes que el caballo te vea."

El Cabeza Y Gardel

Cuando Gardel venía a Córdoba, paraba en el lujoso y ya desaparecido Bristol Hotel (que estaba en calles 9 de Julio y Rivera Indarte), y después de actuar en el centro de la "docta", se trasladaba en tranvía hasta El Abrojal, a la mismísima casa del Cabeza Colorada, donde lo esperaba junto con Ciriaco y otros artistas y personajes de localía cordobesa, un jugoso y bien "regado" asado (tan criollo como "El Zorzal") para compartir entre los amigos.
Suponemos, que Carlos Gardel no llegaba a El Abrojal vestido de smoking, precisamente…
Muchos cordobeses recuerdan esta anécdota: en una ocasión "El Cabeza" cantó en presencia de Gardel, y al finalizar su actuación, "El Zorzal" lo felicitó por la forma de interpretar el tango, a lo que "El Cabeza Colorada" respondió: "Gracias don Carlos, usted tampoco desentona."

FUENTE: www.nosotros loscordobeses.com.ar
CARICATURA: José Hernández